Por Manuel Barrientos y Walter Isaía
Los dos mandatos presidenciales de Evo
Morales dotaron a Bolivia de una estabilidad institucional y económica que
parecía impensada poco tiempo atrás. En especial, luego de los violentos
enfrentamientos que vivió el mandatario con los prefectos opositores de la
región de la “Media Luna” en 2008. Y, aún más, si se recuerdan los eclosionados
comienzos del siglo XXI, con la guerra del agua del año 2000, la del gas de
2003 y las crisis que desembocaron en las salidas anticipadas del poder de
Gonzalo Sánchez de Losada en 2003 y Carlos Mesa en 2005. Sin embargo, Morales se
impuso a los obstáculos que enfrentó desde su asunción en 2006 y mantiene altos
niveles de popularidad, que permiten estimar que logrará una nueva reelección
en los comicios que se celebrarán el 12 de octubre.
“El proyecto masista es una combinación
de estatismo nacionalista en la economía y Estado Plurinacional, como diseño
institucional que materializa las demandas campesinas e indígenas incorporadas
en la nueva Constitución Política en vigencia desde hace cinco años”, resume
Fernando Mayorga desde Cochabamba. El director general del Centro de Estudios
Superiores Universitarios de la Universidad Mayor de San Simón explica que el
Movimiento al Socialismo (MAS) de Morales “ocupa el centro del espacio de
discursividad política” porque articula elementos del nacionalismo y el
indigenismo y no tiene, por lo pronto, rivales “con aptitud para disputarle esa
capacidad articulatoria”.
Evo y su vice Álvaro García Linera
encabezan la fórmula del MAS y tienen como principales contrincantes, por
derecha, a la fórmula de la Unidad Demócrata (UD), integrada por el empresario
Samuel Doria Medina y Ernesto Suárez, un aliado del gobernador de Santa Cruz,
Rubén Costas; y, por centro izquierda, al Movimiento Sin Miedo (MSM), que
candidatea al ex alcalde de La Paz, Juan del Granado. También se postulan Fermín
Vargas (Partido Verde), un dirigente que se opuso a la construcción de una ruta
en el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro-Secure (TIPNIS); y el ex
presidente Jorge “Tuto” Quiroga (Democracia Cristiana), quien completó el
mandato del ex dictador Hugo Banzer Suárez entre 2001 y 2002.
Como es habitual, la guerra de encuestas
recrudeció en los últimos meses. Un sondeo de la empresa Ipsos indica que el
apoyo a la gestión de Morales trepa al 73%, mostrando incluso buenos desempeños
en regiones tradicionalmente opositoras, como Santa Cruz. La aprobación en La
Paz llega al 76%; y en El Alto, al 83%. La revista Tal Cual también ubica a
Morales primero, pero con el 38,3%, seguido por Doria Medina con 14%. Aún con
estos números menos holgados, el actual presidente ganaría en primera vuelta,
ya que para evitar el balotaje necesita del 40% de los votos y una diferencia
mayor a diez puntos sobre el segundo o sumar la mitad más uno de los sufragios.
Mónica Oblitas, periodista de Los
Tiempos, el diario de mayor tirada en Cochabamba, advierte que los niveles de
adhesión del MAS disminuyeron en las últimas encuestas. Por un lado, porque si
bien un alto porcentaje de bolivianos se identifica como indígena, Morales hace
hincapié en su extracción aymara, y en el norte y sur del país existen otras
etnias que no se sienten identificadas, como es el caso de la quechua y la
guaraní. “Considero que la relación con las clases medias también ha sufrido un
deterioro, sobre todo por las denuncias de corrupción que enfrenta el
vicepresidente García Linera”, señala Oblitas.
Pablo Mamani Ramírez es sociólogo y magister
en Ciencias Sociales de FLACSO Ecuador. Autor de los libros El Rugir de las Multitudes y Geopolíticas indígenas, entre otros,
reconoce que Morales tiene importantes grados de apoyo en ciertos sectores
sociales por la estabilidad económica. “Otro factor se debe a que él viene del
mundo indígena y la gente lo ve como un “hermano”, pese a sus graves
contradicciones, como son los acuerdos y los negocios económicos con los grupos
de poder de Santa Cruz”, asevera.
EN
FRACCIONES
En las elecciones de diciembre de 2009,
Evo Morales logró su primera reelección con el 64%, dejando en el segundo lugar
al ex prefecto de Cochabamba Manfred Reyes Villa (Convergencia Nacional), que
obtuvo el 24%; y al empresario y siempre-candidato Samuel Doria Medina (Frente
Unión Nacional), que reunió el 5%.
Pero Convergencia Nacional se disolvió en
los años posteriores y surgieron varios partidos políticos de carácter
regional. Algunos de ellos, de tendencia de centro derecha, se nuclearon en el
Movimiento Democrático Social (MDS) y luego firmaron un acuerdo electoral con
la Unidad Nacional para postular a Doria Medina. Su peso electoral se
encuentra, especialmente, en Santa Cruz –la región económica más importante-,
cuyo gobernador Rubén Costas es el verdadero líder del MDS.
La novedad parece estar en el campo del
centro izquierda. El Movimiento Sin Miedo (MSM) rompió su alianza con el MAS en
abril de 2010 y se presentó como una fuerza opositora en el Congreso. “Surgió
una postura contraria al oficialismo desde posiciones de izquierda, algo
inexistente durante el primer gobierno de Morales”, observa Mayorga. El MSM
controla el municipio de La Paz desde hace quince años y su candidato
presidencial –Del Granado- fue alcalde entre 1999 y 2010.
Periodista y autor de los libros El pensamiento boliviano sobre los recursos
naturales y Pulso de las palabras,
Fernando Molina responde a Debate
desde La Paz: “No es posible descartar que la oposición logre reequilibrar el
juego, pero tal cosa sería una hazaña. No sólo por la popularidad de la
candidatura oficialista, aupada por diez años de crecimiento económico, sino
porque el MAS va a concurrir a las elecciones respaldado por el Estado, por
todo su peso económico, comunicacional y de movilización política”.
Molina considera que, luego de la
resistencia que encontraba el gobierno de Morales en la región de la Media
Luna, que se debió sobre todo a la pérdida del poder por parte de las élites
tradicionales mayormente radicadas en Santa Cruz, esta región ha quedado bajo
la hegemonía masista. “Hoy su candidato es Morales, promesa de que la fiesta no
será interrumpida por la inestabilidad política que seguramente traería un
alejamiento del MAS del poder”, indica.
Por su parte, Mamani cree que las chances
de la oposición se centran en las elecciones regionales y no a escala nacional.
El sociólogo alteño pone el foco sobre la lucha de egos entre los políticos
opositores: “La llamada oposición es un mundo de murallas entre sí porque
pelean por ser candidatos. La vieja derecha tiene semidioses y cada uno quiere
erigirse como un verdadero Dios. En el fondo, sus propuestas no tienen
referencia a los nuevos tiempos”.
La oposición busca sacar rédito con sus
críticas al supuesto “estilo autoritario” de Morales en la conducción del
gobierno, la ausencia de “pluralismo” y a la escasa vigencia del “estado de
derecho”. Desde el MSM critican la orientación extractivista del modelo económico
implementado en 2006, porque supone una “traición” a las demandas indígenas. Con
buena imagen luego de su paso por la alcaldía de La Paz, Del Granado también
apunta a la baja calidad en la gestión pública nacional.
Otros de los ejes de la campaña opositora
pasa por el modo en que Morales y García Linera lograron la posibilidad de
presentarse a un nuevo mandato. Si bien la Carta Magna de 2009 habilita una
sola reelección, un fallo del Tribunal Constitucional interpretó que el primer
mandato de Morales transcurrió durante la república y no bajo el nuevo estado
plurinacional. Por tanto, no debe computarse y Evo busca “sólo” a su primera
reelección.
INFORME
DE GESTIÓN
Luego de la reunión del G77 + China que
se realizó en junio último en Cochabamba, la secretaria ejecutiva de la
Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), Alicia Bárcena,
sostuvo que la economía boliviana “sigue siendo muy dinámica” y subrayó que ese
país tiene las reservas internacionales más altas por persona de la región, un
bajo endeudamiento público y un desempeño “muy prudente” de la macroeconomía.
“Es un momento histórico muy curioso,
porque es de gran consenso y estabilidad. El proyecto del MAS es hegemónico. Se
trata de un modelo de ‘bienestar insostenible’, que vive del boom de las
materias primas, la consiguiente liquidez de la economía nacional, el aumento
exponencial del gasto público y, por tanto, la dinamización del producto
interno”, critica Molina. El periodista paceño manifiesta que el bienestar
experimentado en los últimos años depende del entorno internacional y de la
habilidad del Ministerio de Economía para enfrentar la mengua de los flujos
financieros que puede darse a largo plazo. “Sólo que en este momento nadie
piensa en el largo plazo. Vivimos en una suerte de ‘fiesta’ que todos quieren
disfrutar. Tampoco la oposición propone parar la música; su oferta es lograr
que quienes la pasen bien no sean los de ahora, sino los más pobres y los
ciudadanos sin vinculación corporativa, los que por razón de su pobreza o por
no pertenecer a las organizaciones galvanizadas por el MAS, han quedado hasta ahora
fuera de la sala de baile”, indica.
Con una proyección de crecimiento para
2014 de 5,5%, durante el gobierno del MAS se registró un salto en la inversión
extranjera directa: en 2013 fue de 2.030 millones de dólares frente a los 1.300
millones de 2008. En la última década, desde la Masacre de Octubre, cuando la
sociedad boliviana se lanzó a las calles para defender el gas, cuestionar la
legitimidad de Gonzalo Sánchez de Lozada y llamar a elecciones anticipadas, el
crecimiento económico trepó del 2,7% en 2003 al 6,6% en 2013. El PIB estimado
para este año ronda los US$ 32.000 millones, lo que cuadruplica la cifra que se
tenía hace casi ocho años.
La nacionalización de una veintena de
empresas desde 2006 le dio al Estado boliviano el control del 38% de la
economía del país. El proceso de nacionalización de sectores como el de
hidrocarburos, minería, electricidad y de servicios permitió que el gobierno
pueda contar con los recursos para aplicar el “Nuevo Modelo Económico, Social,
Comunitario y Productivo” e hicieron posible la implementación de múltiples programas
sociales. En cuanto al desempleo, el FMI estima que este año la tasa se quedará
en 6,3% de la población activa, un punto porcentual menos que 2013, y en 2015
se situará en 6,2%.
Las políticas sociales se desdoblan en
diferentes programas. En el marco educativo, se destacan el Bono “Juancito
Pinto”, ejecutado desde 2006, que tiene como objetivos incrementar la matrícula
y reducir la deserción, así como disminuir la transmisión intergeneracional de
la pobreza, y alcanza a 1.951.385 personas. También tienen un buen impacto el
Desayuno Escolar y el Programa de Alfabetización a Adultos. El ámbito de la
salud se aborda desde el Bono Juana Azurduy de Padilla, un ingreso a las madres
embarazadas y al hijo, que perciben 1.046.215 de personas. Este programa logró
disminuir la extrema pobreza, la mortalidad materna infantil e incentivar la
asistencia de los niños y niñas a las escuelas. En cuanto a los programas de
ingreso, se destacan el de seguridad social de largo plazo conocido como “Renta
Dignidad” y la disminución en las tarifas de servicios.
El último informe anual del Programa de
Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) resaltó los avances en materia de
desarrollo social, con la disminución de las tasas de pobreza y, en especial,
de indigencia, mediante los mecanismos de redistribución de la riqueza como
bonos y rentas. Según datos oficiales, la pobreza moderada en Bolivia llegaba
en 2002 a 66, 7%, y en 2011 disminuyó a 45%; mientras que la pobreza extrema
cayó del 38,2% de 2005 al 21,6% de 2012.
Para Mayorga, la ductilidad de la
estrategia política de Evo Morales permite explicar la permanencia de su
popularidad después de nueve años de gobierno. “El resultado general que
expresa esta política moderada y realista es lo que defino como una ‘construcción
minimalista’ del Estado Plurinacional: esto quiere decir que el ‘proceso de
cambio’ no se ciñe a un dogmatismo estatista, tampoco al indigenismo
particularista, menos al regionalismo centrífugo”, explica.
LA
NUEVA AGENDA
Desde la capital política y
administrativa del país, Molina entiende que Morales representa el sentimiento
nacionalizador de los recursos humanos y es el candidato de los sectores
corporativos (campesinos, mineros, cocaleros), históricamente fuertes en
Bolivia, que con él retornaron al gobierno. Pero advierte que su rol “redistribuidor
de poder y riqueza” se ha empezado a complicar: si antes el MAS quería incluir
a quienes no estaban, ahora quiere aumentar el poder de estos, lo que resulta
excluyente para otros sectores, sobre todo las clases medias urbanas, los
trabajadores independientes, los profesionales. “Este ‘resto’ se beneficia del
crecimiento del país, pero no del cambio de élites políticas ni de políticas
redistributivas específicas. Esta es la clientela potencial de la oposición”, afirma.
Y enumera como dificultades que deberá sortear Morales el encarecimiento del
costo de vida, al aumento de la corrupción y, en general, el crimen, la
polución, la falta de servicios. “Estos y otros problemas fueron menospreciados
y mal manejados por el Gobierno, concentrado como está en los grandes temas
desarrollistas (industrialización del gas, aumento del gasto público, etcétera)”,
sostiene.
El MAS mantiene sus bases de apoyo más
importantes entre las organizaciones campesinas y la Central Obrera Boliviana
(COB), que agrupa a diversos sindicatos obreros y fabriles. El respaldo del movimiento
indígena, sin embargo, tuvo altibajos en estos nueve años. Mamani Ramírez
observa que los qullas o aymara-quechuas tienen cada vez más fuerza social,
política y económica. “Se gestó un poder qulla, que el gobierno minimiza
mediante una política de desvíos, cooptación y criminalización jurídica de los
luchadores sociales que no siempre están de acuerdo con el gobierno y no
necesariamente son de derecha”, indica. El conflicto por la construcción de una
autopista en el TIPNIS, ubicado en los departamentos de Beni y Cochabamba,
generó la ruptura de diversas comunidades originarias con el oficialismo.
Ahora bien, ¿cuáles son los desafíos que
deberá enfrentar Morales si accede a un nuevo mandato? Oblitas expresa la
necesidad de “transparentar el uso de fondos estatales para obras que no están
rindiendo cómo se dijo que lo harían, sobre todo el caso de las
industrializadas”, dar representatividad política a los gremios que lo apoyan y
convencer a la población de que en Bolivia se respetan los derechos humanos. Y
pide reforzar las políticas de salud y educación, en detrimento de las
poderosas Fuerzas Armadas, que llevan gran parte del presupuesto nacional.
Molina considera que si el MAS obtiene un
tercer período presidencial deberá “conjurar las fuerzas envilecedoras de su
proyecto” (corrupción, exceso de gasto público, peleas internas) y tratar de
mantener la hegemonía sin exceso de coerción, lo que depende de que las
condiciones económicas sigan siendo tan buenas como hasta ahora. “Y esto no es
imposible: los pronósticos dicen que el ‘aterrizaje’ latinoamericano del ciclo
de altos precios de las materias primas será muy, pero muy lento”, reconoce.
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Recuadro
Motor
minero y despojo
Con la llegada de los españoles a América
se estima que unas 90 mil toneladas de plata fueron extraídas entre 1500 y
1800. El Cerro Rico de Potosí fue el mayor centro minero, aportando a la corona
española el equivalente a 50 mil millones de dólares. La población de Potosí
superaba a la de Sevilla, Madrid, París y Londres. Esta expropiación fue el
motor de la economía europea, pero dejó a Potosí en la más extrema pobreza y
con cientos de miles de muertos por trabajo esclavo y epidemias.
Desde mediados del siglo XIX, Bolivia
volvió a instalarse en el comercio mundial con la quina -utilizada contra el
paludismo-, hasta que las exportaciones asiáticas de las colonias inglesas y
holandesas acapararon el mercado.
De Bolivia salieron a inicios del siglo
XX las principales producciones de caucho o goma elástica, vital para la
industria del automóvil en Europa y Estados Unidos. Esta explotación produjo
también la Guerra del Acre, en la que Brasil ocupó esa parte de territorio
boliviano.
La demanda norteamericana y europea luego
fue por el estaño como un elemento ideal para aleaciones, convirtiendo al país
en el segundo productor mundial hacia 1920. Pero a Bolivia le quedó poco. El
Estado sólo recibía el 3% de las exportaciones.
Entonces, el eje pasó por los
hidrocarburos. Bolivia ocupa el segundo lugar en la región en reservas
naturales de gas y un agresivo plan de explotación permitirá alcanzar más de 76
MMmcd de gas natural para 2015.
El litio parece la clave del futuro. Su
demanda crece para la fabricación de baterías de celulares, tablets y autos
eléctricos. Otra vez, Bolivia tiene el yacimiento más grande: en el Salar de
Uyuni.
(publicada en Revista Debate, julio de 2014)
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