(Se trata de la primera entrevista de una serie de diálogos con sociólogos y politólogos sobre el sistema de partidos de cara a las presidenciales de 2015)
Las últimas encuestas de Poliarquía proyectan un balotaje entre Daniel
Scioli y Sergio Massa como escenario más probable para las presidenciales de
2015. “Esas predicciones, a un año de las elecciones, y con un escenario tan
complejo e identidades políticas tan volátiles, marcan un panorama muy
preliminar”, matiza Eduardo Fidanza, director y socio de la consultora. En esa
línea, reconoce que el trabajo del analista de la opinión pública “es cada vez
más difícil”, porque en el origen del método de las prospecciones electorales
“está el supuesto de una conducta previsible basada en identidades políticas”.
Con el ejemplo reciente de la primera vuelta en Brasil, donde Aécio
Neves logró ingresar en un balotaje con Dilma Rousseff dejando atrás a Marina
Silva pese a lo que preveían los sondeos, Fidanza enumera que la inexistencia
de estructuras partidarias, las convergencias coyunturales y las complejidades
de las agendas electorales dificultan los pronósticos. “Además, en la medida en
que los sondeos se utilicen como marketing de las campañas, sobrevalorará la
sospecha de que se contratan encuestas. Son problemas que hay que resolver con
la mayor probidad y con la convicción de cómo debe ejercerse la profesión”,
advierte.
Fidanza recibe a Viernes en la flamante sede de Poliarquía frente a la
plaza San Martín, allí donde Santa Fe deja de ser una avenida caudalosa y se
transforma en un callejón que desemboca en el Círculo Militar. En la
entrevista, el sociólogo examina las fortalezas y las debilidades de los
principales precandidatos presidenciales, analiza el rol que podría tener el
Papa Francisco en los comicios y anticipa cuáles será “el” eje de discusión de
la campaña electoral.
¿Por qué Scioli y Massa lideran
los sondeos?
Es un efecto de lo que el kirchnerismo simbolizó para el votante medio:
la recuperación del trabajo, de los niveles de consumo y, por lo tanto, de la
autoestima, que era algo que Néstor Kirchner proclamó al principio de su
gobierno. Por ejemplo, el valor del salario real -deflacionado a partir de 2007-
resulta ser en promedio un 70% más alto que en la segunda mitad de la década
del ’90; y, si bien puede generar controversias, la tasa de desocupación es una
de las más bajas de toda la historia. En la segunda mitad de la década del ´90
era del 15%, en la crisis de 2001-2002 superó el 20% y ahora está en poco más
del 7%. Son logros importantes de cara a lo que es la realidad del votante
medio. A esto sumaría el hecho de que, más allá de los juicios encontrados que
pueda suscitar, Cristina Kirchner sigue siendo una figura central de la política
argentina, con un tipo de liderazgo fuerte, similar al de Néstor, Raúl Alfonsín
y, con otro estilo, Carlos Menem. De todos modos, en las democracias
contemporáneas, la decisión del voto se explica antes por razones económicas
que por otras motivaciones. Y ahora vemos un proceso de deterioro de esos
logros, porque se están perdiendo puestos de trabajo y la inflación avanzó
sobre el poder del salario. Entonces, se abre una incógnita acerca de cuál
puede ser el resultado electoral. El votante está en una disyuntiva entre
recurrir a su memoria o apelar a su visión de futuro.
¿Qué candidatos representarían
esas opciones?
En el voto a Scioli –y en menor medida, a Massa- hay una mirada hacia
atrás. Y en un momento en el que la inflación aparece como una carga cada vez
más pesada, Macri puede asociarse a una mayor racionalidad económica en su
estrategia de mostrarse como “lo nuevo”. Es interesante lo que sucedió con Aécio
Neves en Brasil, porque apareció como representante de una racionalidad
superadora del populismo y ya vimos la cantidad de votos que obtuvo.
¿Qué ocurre con UNEN?
Observamos, y se está confirmando por la conducta de los dirigentes, que
este espacio tiende ser a tomado por otras fuerzas, y esos votos pueden migrar
a Macri, Massa e, incluso, a Scioli. Hoy cualquier candidato del socialismo o
el radicalismo podría superar los diez puntos, pero no entraría en la
competencia presidencial. De cualquier forma, sería una masa de votos
considerables para un balotaje. Esos votantes representan una suerte de
alfonsinismo, con un perfil progresista, claramente no peronista ni de
centroderecha. Es decir, pese a que UNEN se volatilice, estos sectores seguirán
votando a un socialista o a algún radical. Aunque también hay que decir que es
un voto ideológico de clase media adulta que se va estrechando, porque las
generaciones que se incorporan a la vida electoral no ven eficacia en la
estrategia de UNEN y observan, por ejemplo en Macri, actitudes más pragmáticas.
¿Qué estrategias deberían
seguir Massa y Macri para trazar alianzas que, a la vez, les confieran espesor
territorial sin que los encasillen como “el pasado”?
Casi el 58% de la población está diciendo que espera que el próximo
presidente mantenga los logros del kirchnerismo y rectifique los problemas.
Entre los logros, identifican el trabajo, los salarios y los planes sociales.
Entre los cambios, la inseguridad y la inflación. Esta sociedad electoralmente
conservadora condiciona el discurso de los candidatos: no se pueden desviar
demasiado y proponer lo nuevo porque la gente quiere conservar los logros. Ahora,
si uno ve que esa masa es de casi el 60% debería pensar que favorecería a
Scioli. Y, efectivamente, es una de las razones por las que está cabeza a
cabeza en las encuestas. Pero Macri se muestra moderado en su intención de
cambio y ha establecido un buen vínculo relativo –en el mundo salvaje de la
política argentina- con Cristina y esa es una forma de decir que se va a llevar
bien con el gobierno anterior y con muchas de las medidas que tomó. Creo que
Massa va a tener dificultades, porque tiene una identidad difícil de determinar
-perteneció al gobierno pero reivindica al peronismo- y, además, disputa voto
territorial con Scioli. Por otra parte, tiene dificultad para sostener una
agenda que ocupe un lugar preponderante en la agenda de los medios. Y si hay
algo que reconocer al kirchnerismo es el manejo de la agenda. Hoy se discute
porqué Cristina se apuró con el Código Civil y Comercial. ¡Todas las semanas
hay que tener algo importante sobre la mesa y esa es la forma de liderar la
política!
La alianza de Massa con
Gerardo Morales, por otra parte, muestra que no está concretando su ambición de
generar pases masivos de los jefes territoriales del peronismo. Es decir, da cuenta
del no acuerdo con el gobernador Eduardo Fellner en el caso de Jujuy.
Cristina mantiene solidez política y eso le permite seguir conteniendo
al peronismo. Esos factores, sumados a la fidelidad de Scioli, conforman un
bloque que sella el avance del massismo. De todas formas, también hay que
pensar hasta qué punto hay solidez en el massismo puertas adentro, porque ya se
observan disensos internos. La foto de Morales con Massa está ligada a las
necesidades acuciantes de ambos. Es comprensible la estrategia de Morales,
porque en provincias chicas bipartidistas, en las que la hegemonía la ha tenido
el peronismo, debe buscar quebrar al peronismo. Y es verdad que Massa, al
sentarse con Morales, muestra su necesidad de captar territorios como sea,
porque hoy tiene muchas puertas cerradas.
Señaló que el componente
central del voto tiene motivaciones económicas. ¿Un mejoramiento leve de ciertos
indicadores no le permitiría a Cristina instalar un candidato alternativo a
Scioli?
No lo sabemos. Si hubiera una mejora económica -con un relativo descenso
de la inflación y recuperación del salario y no se perdieran empleos- no me
parece que eso reforzaría las candidaturas del kirchnerismo. Julián Domínguez,
Agustín Rossi, (Florencio) Randazzo, hoy están bastante por debajo de las posibilidades
de Scioli. Entonces, esa eventual mejora beneficiaría a Scioli. Pero queda
pendiente uno de los grandes temas de la Argentina: la sucesión del peronismo.
Uno tiende a pensar que con el estilo de liderazgo de Cristina y la vocación de
continuidad del kirchnerismo, objetivamente no le conviene que alguien del
peronismo se calce la banda presidencial, porque eso llevaría a que el
liderazgo del justicialismo se organizara en torno a la figura del nuevo
presidente. Entonces, ahí veo una contradicción. Un Scioli presidente, y
también Massa, generarían una reorganización de las que caracterizan al
peronismo. No olvidemos que el faro organizador del peronismo es el ejercicio
del poder estatal.
Será la primera elección presidencial
con un argentino como Sumo Pontífice. ¿Qué influencia podría tener Bergoglio?
De los tres candidatos centrales, el Papa no recibió sólo a Massa. Creo
que es un problema para su candidatura. De todas formas, quiero recordar que
cuando Francisco fue designado escribí una columna en La Nación titulada “Un
golpe decisivo a la razón populista”. Sigo sosteniendo esa hipótesis: creo que
el Papa fijó un límite a la agresividad del kirchnerismo y a la idea de (Ernesto)
Laclau de que la política se construye a través de una oposición radicalizada
entre el pueblo y sus enemigos. La Presidenta, con gran habilidad política y,
tal vez, por una transformación personal se adscribió al Papa. Y ese
antagonismo que tuvo su origen en la razón populista tendió a declinar, porque
el Papa no va a permitir que ningún político argentino se vuelva amenazante o
agresivo.
¿Qué rol podría jugar Cristina
luego de 2015? ¿Cree posible una candidatura de la Presidenta en los próximos
comicios?
Se habla de una postulación como diputada nacional por la provincia de
Buenos Aires. No lo sé. Tengo claro que si Macri es el presidente, Cristina va
a tener un papel importante, liderando a la oposición.
¿Así se podría cumplir el
sueño de Torcuato Di Tella de reagrupamientos de las fuerzas políticas en dos
polos de centroizquierda y centroderecha?
Exactamente, puede ser que la política argentina se reorganizara
en esos términos. Pero creo que si el nuevo presidente pertenece al peronismo
–Scioli o Massa-, la figura de Cristina entraría en un crepúsculo. Así como debemos
decir que la sucesión del peronismo es crucial en la política argentina, también
hay que señalar que las mayorías no votarán entre peronismo y antiperonismo
sino en torno a la figura de Cristina. Esa será la disyuntiva.(publicada en el suplemento Viernes del diario Ámbito Financiero, 10 de octubre de 2014).
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