lunes, 17 de noviembre de 2014

Mario Riorda: "La Argentina tiene un sistema de partidos roto"



(Por Manuel Barrientos)

El diálogo se pospone por dificultades en la agenda del entrevistado. Un poco en broma, otro poco en serio, Buenos Aires Herald invita a realizarla en Aeroparque o Ezeiza. Unas semanas más tarde, llega el mail con la hora y punto de encuentro. 9.30 AM. Hotel cinco estrellas del centro porteño. Luego de la entrevista, tendrá reuniones en un par de organismos y partidos que asesora e iniciará una gira para participar en congresos en Guaymallén (provincia de Mendoza), Santo Domingo (República Dominicana) y Lima (Perú), con una escala en Córdoba, su ciudad de residencia.
Consultor en estrategia y comunicación política para diversos gobiernos y fuerzas políticas de América Latina, ex decano de la Facultad de Ciencia Política de la Universidad Católica de Córdoba y docente de posgrado en más de veinte universidades, Mario Riorda analiza los posicionamientos del kirchnerismo y de la oposición de cara a las presidenciales de 2015.

Las primarias de 2011 resultaron un mero tránsito hacia la primera vuelta. Las encuestas anticipan una mayor competitividad para las presidenciales de 2015. ¿Los candidatos necesitarán estrategias diferenciadas entre las PASO y las generales? 
En términos generales, las elites que toman estas decisiones no están preparadas todavía para pensar y actuar de manera estratégica de cara a las primarias. Hay que recordar que nuestras PASO fueron básicamente inspiradas en el sistema uruguayo. Independientemente de quién gane, en ese modelo lo que importa es que la sumatoria de A+B en las primarias se sinergice y sume más para una primera vuelta. Allí los partidos se preparan para eso: en promedio, hay dos candidatos competitivos en cada fuerza; e, incluso, dejan la posibilidad a terceras opciones internas con muy poca intención de voto. Pero la estrategia de las fuerzas argentinas todavía está muy lejos de ello.
¿Por qué razones?
Hoy el oficialismo tiene seis o siete candidatos. De esta forma, se desdibuja la idea de “principales favoritos”. En un momento en el que la hiperpersonalización es hegemónica en el escenario político global, esa diversidad de postulantes va en desmedro de los posicionamientos. Lo mismo sucede con UNEN. Allí su disgregación no es casual, porque no llega a considerar liderazgos eventuales. En cambio, las ofertas del PRO y del Frente Renovador están careciendo de competidor. Tanto Mauricio Macri como Sergio Massa comprenden que el hiperpersonalismo es más importante que los partidos políticos en la atracción electoral, pero se encuentran con dificultades para seguir ampliando sus chances en una primera vuelta luego de las PASO.
En principio, parece más factible que el FPV y Unen puedan adelgazar la cantidad de postulantes a que el PRO y el FR sumen precandidatos alternativos.
Se habla de postulantes muletos, pero ya esa expresión es peyorativa para quienes quieran competir internamente. El problema es que la Argentina tiene un sistema de partidos roto. En cambio, en Uruguay hay un régimen de partidos estables. Hoy se observan cuatro escenarios bien divididos: kirchnerismo, PRO, Frente Renovador y UNEN. Pero es muy difícil que este último espacio se consolide como una opción competitiva en términos electorales. Por eso, es probable que sea cooptado -o parcialmente superpuesto- por el PRO y el FR.
Eduardo Fidanza, director de Poliarquía, señala que cerca del 60% de los argentinos hoy reclama “continuidad con cambios”. ¿Qué ocurre con aquellas fuerzas que tienen como eje de campaña su dura oposición al gobierno nacional?
En los años noventa se pasó de una concepción estadocéntrica a otra en la que el mercado tenía un poder mucho mayor que el Estado. Luego ese proceso fue revertido por el kirchnerismo y el Estado pasó a ser otra vez el actor preponderante. Junto a la latinoamericanización del discurso -no sólo en términos geopolíticos sino también identitarios-, esa mirada proestatal representa una posición ideológica muy solidificada en una sociedad que hoy difícilmente quiera ciclos que empiecen de cero. En la Argentina no hubo sedimentación de los aprendizajes en la cultura política y social. Pero ahora, aún quienes no son partidarios del kirchnerismo, están buscando evitar la dialéctica del ensayo y error para pasar a una lógica en la que se mantenga aquello que fue útil. ¿Qué es lo que se quiere modificar? Es un latiguillo demasiado trillado, pero se pide un cambio de “las formas” y del rumbo económico. Fuera de eso, no hay una sensación de que no anda nada ni se cree que hacen falta cambios drásticos del modelo.
En esa línea, ¿cuáles serán los ejes clave de la campaña?
La discusión con respecto a la derogación de leyes que se dio un par de semanas atrás permite augurar que se planteará un modelo similar al de la elección presidencial brasileña. Es decir, funcionará la lógica de manual: “no perder lo hecho”, por parte del oficialismo; “cambiar lo mucho malo”, por el lado de la oposición. Son estrategias muy duras y rústicas, pero muy efectivas. No me refiero a una campaña sin códigos, sino a aquellas que tienen la adversariedad y la idea de diferenciación muy explícita, tratando de captar a sus votantes fieles. Pero estimo que habrá dos tipos de campañas, porque las estrategias para el balotaje pueden ser más moderadas.
En esa línea, ¿qué rol podría jugar Cristina de Kirchner en la campaña?
Néstor Kirchner y Cristina han representado liderazgos rectores, que le dieron una cierta estabilidad a un sistema de partidos roto, que había empezado a crujir en 1999, se licuó en 2001, hizo eclosión en 2003 y se mantuvo así hasta la actualidad. Quizá la diferencia que marcaron las elecciones pos 2003 es que estos liderazgos les quitaron competitividad y ordenaron un sistema en base a un actor dominante y diferentes piezas satelitales, con poca acción colectiva entre sí. Esa lógica puede cambiar en 2015, al finalizar ese liderazgo rector de Cristina, que si bien sigue existiendo se vuelve relativo en comparación con sí mismo. Sin embargo, la Presidenta continúa con muchísima fuerza para ser la gran electora interna en el FPV. No es un dato menor, porque el oficialismo tiene garantizado un muy buen desempeño en las PASO y en la primera vuelta. Si bien esta intención de voto variará de aquí a las elecciones, difícilmente baje a menos del tercio. En ese porcentaje, el rol de Cristina será determinante si es que decide volcarse para el primero o el segundo de los postulantes. Es decir, Daniel Scioli o Florencio Randazzo. Pero no creo que le alcance para ganar si se vuelca por otra alternativa por fuera de estos dos nombres. La explicación de esto es importante: el 100% de quienes elegirían a Scioli han sido votantes de Cristina; y lo mismo sucede con Randazzo. Es decir que hoy se registra muy poca fuga de votos de una fuerza a otra, y ese tercio que votaría al oficialismo tiene una relación identitaria y emotiva con el kirchnerismo.
Señaló que uno de los principales cuestionamientos al gobierno nacional pasa por sus “formas”, por su estilo de comunicar. Sin embargo, ha logrado mantener el manejo de la agenda pública (la comunicación de corto plazo) y ha construido un sentido de pertenencia en al menos un tercio de los votantes (una identificación basada en tiempos más largos).
Este gobierno entendió una serie de postulados que hacen a ciertas tendencias muy contemporáneas de la política en general y de la comunicación política en particular. Si me piden que defina qué es la comunicación política diría que es el intento del control de la agenda pública. Por lo tanto, lograr ese control a lo largo de más de diez años es muchísimo. En segundo lugar, yo defino como “mito de gobierno” a aquello que se denomina como relato. Es decir, una comunicación de tipo simbólico, anclada en valores, con la función de generar esperanza y que, una vez instalada, puede alimentarse a sí misma. Para que ese mito de gobierno funcione tiene que haber plena correspondencia entre el decir y el hacer. En esta época multimedial, son muy pocos los que lograron en América latina la cristalización de este mito con estos niveles de magnitud y profundidad. Se trata de una virtud del kirchnerismo. Pero ese mito no puede sostenerse si cruje alguno de esos componentes. En la Argentina, ese mito ha tenido tres valores que lo solidificaron: las políticas de inclusión social; el crecimiento económico; y las políticas identitarias ligadas a los derechos humanos, a la latinoamericanización del discurso, el matrimonio igualitario, etc. En estos últimos años, crujió el crecimiento económico y lo hizo tambalear en ese aspecto, pero el resto permanece incólume. El ex presidente chileno Ricardo Lagos decía que para generar conciencia social muchas veces hay que pujar contra los límites. Este gobierno pujó y pujó para transformar y de alguna manera deja herida parte de la institucionalidad. Pero si uno se guía por datos de Latinobarómetro, la demanda de esta ejecutividad para la transformación es bastante más valorada que lo otro, teniendo en cuenta que en América latina hay muchas demandas estructurales que no han sido resueltas. Por eso, los gobiernos que avanzan en este línea son más premiados que castigados.


BIO
Fecha y lugar de nacimiento: 15 de mayo de 1972, Hernando, provincia de Córdoba.
Estudios completos (datos de colegio primario, secundario y universidad):
Escuela Primaria: Escuela Nacional Nº 275 de Hernando.
Escuela Secundaria: Escuela Superior de Comercio La Santísima Trinidad de Hernando.
Estudios Universitarios: Licenciado en Ciencia Política en la Universidad Católica de Córdoba. Magister en Política y Gestión Pública de UES21. Doctorando en Comunicación Social, con especialidad en asuntos públicos, en la Universidad Austral.
Trabajo actual: Consultor político. Docente universitario de posgrado en el Instituto Universitario de Investigación Ortega y Gasset (España), Universidad Católica de Córdoba, Georgetown University, Universidad Complutense de Madrid, Universidad Austral, entre otros.
Trabajos anteriores: Decano en la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Católica de Córdoba.
Rutina informativa: (radio, tv y diarios al detalle): todos los medios nacionales e internacionales, a través de clippings de los organismos y partidos políticos a los que asesora.
Está leyendo: Diversos libros y papers de ciencias sociales y la novela “Aprender a rezar en la era de la técnica”, de Gonçalo M. Tavares.

(la versión en inglés de la entrevista se publicó en el Buenos Aires Herald)

Entrevista con Mario Riorda: The challenges of 2015


Political consultant Mario Riorda in a file photo.
By Manuel Barrientos
For the Herald
Political consultant Mario Riorda says people don't want a new president ‘to start from scratch’
Former dean of the School of Political Science at Córdoba’s Catholic University, Mario Riorda is a consultant on matters of political strategy and communication for several Latin American governments and political parties. In an interview with the Herald recently, he analyzed the positions taken by Kirchnerism and the opposition ahead of the 2015 presidential elections.
The 2011 primaries turned out to be a mere stopover on the way to the first round. Polling suggests that the 2015 presidential elections will be more competitive. Will the candidates need different strategies for the primaries and the general elections?
Generally speaking, the elites that take these decisions are not yet prepared to think and act strategically in terms of the primaries. It must be noted that our primaries were basically inspired by the Uruguayan system. Regardless of who wins, what is important in that model is that “the sum of A plus B” in the primaries synergizes and adds up toward the first round of voting. There the parties prepare for that: on average, there are two competitive candidates in each party and they even open up the possibility for a third internal option with limited chances of receiving votes. But the strategies used by the Argentine parties are still a long way from that.
Why is that?
Today the ruling party has six or seven candidates. As a result the idea of “principal favourites” is watered down. At a time when hyper-personalization is hegemonic on the global political scene, that diversity of candidates works against the positions taken thus far. The same thing occurs with UNEN. There the disaggregation is no accident, because there is no consideration of eventual leaderships. In turn, the PRO and Renewal Front tickets are missing a competitor. Both Mauricio Macri and Sergio Massa understand that hyper-personalism is more important than political parties in terms of electoral attraction, but they find themselves with the difficulty of how to increase their chances in the first round after the primaries.
In principle, it seems more likely that the Victory Front (FpV) and UNEN can thin down the number of candidates rather than the PRO and the Renewal Front pick up alternative candidates.
There is talk of “stand-in” candidates, but that expression is already pejorative to those who want to compete internally. The problem is that Argentina has a broken party system. On the other hand, in Uruguay there is stable party system. Today four clearly divided spheres are discernible: Kirchnerism, PRO, Renewal Front and UNEN. But it is very unlikely that the latter will consolidate in electoral terms. That is why it is likely that it will be co-opted (or partially overlapped) by the PRO and the Renewal Front.
Poliarquía consultancy head Eduardo Fidanza says that about 60 percent of Argentines today want “continuity with change.” What happens with those parties that have as their main thrust their strong opposition to the government?
In the 90s there was a swing from a state-centric conception to another one in which the market had much more power than the state. Then the process was reverted by Kirchnerism and the state once again became the preponderant actor. Along with Latin Americanization of the discourse, that pro-state vision is a very solid ideological position in a society that today is unlikely to want for mandates to start from scratch. In Argentina there hasn’t been in the political and social culture a process of taking in the lessons learned. But now even those who aren’t sympathetic to Kirchnerism are seeking to avoid the dialectics of trial and error and are trying to keep that which was useful. What do they want to change? It’s a worn-out cliché, but a change in “manners” and the direction of the economy. There isn’t a feeling that nothing works nor that drastic changes are required to the model.
With that in mind, what will be the primary themes of the campaign?
The debate over the repeal of laws that we saw a few weeks ago makes it possible to augur a similar model to the one we saw during the Brazilian presidential elections. That is to say that the textbook approach: “don’t abandon what has been done” from the ruling party and “change all that is bad” from the opposition. These are timeworn and blunt strategies, but also very effective. I don’t mean that there will be an ugly campaign, but one in which differentiation and the concept of adversaries will be very explicit in an effort to capture loyal voters. But the strategies for the runoff could be more moderate.
In that respect, what role could President Cristina Fernández de Kirchner play in the campaign?
Néstor Kirchner and Cristina Fernández de Kirchner have played defining leaderships, which gave a certain stability to a broken party system that began to creak in 1999, dissolved in 2001 and re-emerged in 2003 and which has remained stable until now. Perhaps the difference in the elections after 2003 has been that those leaderships decreased the competition and established a system around dominant actors and diverse peripheral satellites that did not establish much collective action among themselves. That can change in 2015 when Fernández de Kirchner’s guiding leadership, which will continue to exist but will diminish relative to itself, will come to an end. However, the president retains enough strength to be the FpV’s kingmaker. That is not a minor detail, because the ruling party is guaranteed a good result in the primaries and the first round. Even though the numbers will fluctuate from now until the election time, it is unlikely that it will drop below a third of the total vote. Given that percentage, the president’s role will be decisive whether she chooses to support the candidates placed first and second in the running. That is, (BA province Governor) Daniel Scioli or (Interior and Transport Minister) Florencio Randazzo. The explanation is important — 100 percent of those who would vote for Scioli have been Fernández de Kirchner voters and that same is true for Randazzo. Today there is very little switching of allegiances by voters and that third of the population that is likely to vote for the ruling party has an emotional and identity-based link with Kirchnerism.
You mentioned that one of the main criticisms of the government has been for its “manners.”. However, it has managed to keep control of the public agenda and built a sense of belonging for a third of voters.
This government has identified a number of elements that are trends in contemporary politics and political communication in particular. If you ask me to define what political communication is, I would say that it is the attempt to control the public agenda. Therefore, achieving that control for more than 10 years is an important feat. Secondly, I define a “government myth” that which is considered a narrative. That is to say a symbolic message anchored in values with the function of generating hope that once it is put into place can become self-perpetuating. For that government myth to work there has to be a complete match between discourse and action. In this multimedia age there are very few governments who have managed to crystallize this myth to this extent and depth. It is one of Kirchnerism’s virtues. But that myth cannot persist if one of its components begins to crumble. In Argentina the myth has been bolstered by and based around three value — social inclusion policies, economic growth and the identity policies linked to human rights, the Latin Americanization of the discourse, gay marriage, etcetera. In the last few years economic growth has been unsteady and the myth has been shaky in that regard. But the rest remains steadfast. Former Chilean president Ricardo Lagos said that to create a social awareness it is often necessary to push against the limits. This government pushed and pushed in a bid to transform and in some ways has wounded some of the institutions.

(publicada en Buenos Aires Herald, 17 de noviembre de 2014)

martes, 21 de octubre de 2014

Abuelas cumple 37 años: cómo sigue la lucha después del aluvión

POR MANUEL BARRIENTOS

S
e disparó un aluvión de gente que viene al organismo buscando su verdadera identidad o se acerca para aportar una denuncia de algún caso de apropiación”, explica Abel Madariaga, el secretario general de Abuelas de Plaza de Mayo, sobre el fenómeno que se produjo luego de las restituciones en agosto último de Ignacio Guido Montoya Carlotto y Ana Libertad Baratti de la Cuadra.
Desde la institución aportan un número contundente: recibieron 4.900 correos electrónicos con interrogantes o denuncias. Ahora es el momento de procesar y sistematizar toda la información recibida, seguir líneas de investigación y avanzar en la resolución de nuevos casos. Aún quedan 385 jóvenes que fueron apropiados durante la última dictadura y no conocen su verdadera identidad.
“Mi sentimiento es que todo este fenómeno que se desató tiene que generar la restitución de un par de nietos más, porque nunca habíamos visto una reacción social tan fuerte y tan positiva”, explica Madariaga, quien pudo encontrarse en febrero de 2010 con Francisco, el hijo que había tenido con Silvia Quintela, quien continúa desaparecida desde 1977.
Con respecto a las nuevas (o no) estrategias que desarrollará la institución para lograr las próximas restituciones, una de las claves debe leerse en la última campaña televisiva masiva. El spot muestra a una joven con su madre en el consultorio médico y a una pequeña hija en brazos. La médica la consulta por los antecedentes familiares y la abuela responde con rápidos “no”. La joven, sin embargo, recuerda: “Papá es diabético”. Con gestos de intranquilidad, la abuela pregunta sobre la importancia que puedan llegar a tener esos datos. “Para el bebé es fundamental”, manifiesta con certeza la pediatra. Entre la ahora supuesta madre e hija se cruzan miradas de preocupación. “No le dejes a tu hijo la herencia de la duda: resolvé tu identidad ahora”, cierra la publicidad. Así, explicita que los jóvenes apropiados ya tienen entre 34 y 39 años y muchos de ellos hoy pueden ser padres o madres. De este modo, una vida atravesada por la mentira no sólo los afecta individualmente sino también a sus propios hijos.
“Es una campaña que seguirá vigente y que tenemos que lograr instalar de forma masiva”, ratifica Madariaga. Desde el organismo recuerdan que, desde hace años, trabajan en los jardines de infantes y en las escuelas primarias. Junto al Ministerio de Educación de la Nación han elaborado el proyecto “Las Abuelas nos cuentan”, una colección integrada por videos audiovisuales y ocho libros de cuentos de nueve autores, un cuadernillo para el docente para el nivel inicial y uno para el nivel primario. “Buscamos que los hijos consulten a sus padres apropiados sobre su verdadera identidad y los motiven a acercarse a Abuelas y hacerse el análisis de ADN”, explican.
Otra línea de trabajo que se corroboró con la restitución del nieto de Estela de Carlotto radica en que los jóvenes apropiados no viven sólo en la Ciudad de Buenos Aires o en otros grandes centros urbanos, sino en pueblos y ciudades de las distintas provincias argentinas (Ignacio Guido Montoya Carlotto fue criado en el campo y desarrolló su adolescencia y adultez en Olavarría) o en el exterior del país (como en el caso de Ana Libertad). 
Con filiales en Córdoba, Rosario, Mar del Plata, La Plata y Ayacucho, hace una década los equipos técnicos de las Abuelas de Plaza de Mayo y los de la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi) organizaron la Red por la Identidad, que suma nodos en treinta ciudades, desde Ushuaia a San Salvador de Jujuy. También tiene puntos de apoyo en España e Italia. “Para llegar a todo el país son fundamentales las publicidades en la televisión abierta, porque continúan siendo las estrategias verdaderamente masivas y que permiten llegar a los pequeños pueblos de todo el país”, indica Madariaga.
En ese sentido, reconoce que el “aluvión” generado por la restitución de Guido estuvo precedido por una instalación muy fuerte de la lucha de Abuelas a partir de los spots que protagonizaron Lionel Messi, Javier Mascherano y Ezequiel Lavezzi durante el último Mundial de Fútbol de Brasil. “Ya se venían acercando muchos jóvenes, porque fue increíble la ayuda que nos brindó la Selección”, dice.
Estas campañas masivas también se enlazan -y deben ligarse- a otras estrategias focalizadas. Madariaga entiende que debe avanzarse con publicidades gráficas en las revistas institucionales de las fuerzas armadas y de seguridad, ya que buena parte de los apropiadores forman (o formaron) parte de esas instituciones y, por tanto, los jóvenes buscados pueden haber seguido esas carreras.
Si algunos titulares indicaban que, con la restitución de Guido Montoya Carlotto, “Abuela de Plaza de Mayo culmina su lucha” queda claro que el organismo aún tiene 386 motivaciones para continuar con el trabajo que comenzó hace 37 años. Y múltiples estrategias para avanzar con la búsqueda.
(publicada en la revista Debate, septiembre de 2014)

miércoles, 15 de octubre de 2014

Juan Carlos Torre: “En el peronismo hay un alma permanente y un corazón contingente”

Torre acaba de publicar Ensayos sobre movimiento obrero y peronismo como parte de su larga obra de estudio de este movimiento político. El kirchnerismo se incorpora a la mesa de este ámbito de investigación social.




 Por Manuel Barrientos

–Recién, antes de comenzar la entrevista, usted contaba que desde hace muchos años busca “desembarazarse” de sus estudios sobre el peronismo para poder abocarse a otras temáticas. ¿Por qué, sin embargo, el peronismo ejerce esa atracción que obliga a repensarlo una y otra vez, como lo demuestra la reciente publicación de su libro Ensayos sobre movimiento obrero y peronismo?
–Durante un tiempo, me dediqué al estudio del peronismo porque era “el” tema de la agenda de la sociología impulsada por Gino Germani dentro de la que me formé. Entonces, todas las preguntas giraban acerca de las condiciones del surgimiento de ese movimiento político que dividió en dos la historia política de la Argentina contemporánea. Como parte de la generación de sociólogos formada en los años sesenta, me ocupé de esa temática centrándome en la relación entre trabajadores, sindicatos y peronismo. Actualmente, hay nuevas camadas de investigadores que han incursionado en el estudio de los años clásicos del peronismo, me refiero al período 1945-1955. Gracias a ellas se ha avanzado en la exploración de aspectos que habíamos dejado de lado porque eran otras las preguntas que teníamos. Me refiero a aspectos que tienen que ver con la penetración del peronismo en las provincias y las políticas públicas y cambios sociales en los que se plasmó esa experiencia histórica.
–¿Esos nuevos trabajos lo han ayudado a repensar su obra?
–Quizá no soy muy justo con sus contribuciones, pero en líneas generales diría que no me han llevado a revisar la clave interpretativa en torno de la que formulé mi propia visión de la naturaleza del fenómeno político gestado en la decisiva coyuntura de 1945.
–¿Cómo describiría esa clave interpretativa?
–Por medio de ella he querido llamar la atención sobre un fenómeno de duraderas consecuencias, el sobredimensionamiento del lugar político ocupado por los trabajadores dentro del movimiento peronista. Es verdad que en los años cuarenta era previsible el mayor protagonismo del mundo del trabajo en una Argentina más industrial y urbana. Pero las contingencias de la vida política ampliaron su gravitación hasta el punto en que el propio peronismo terminó él mismo transformado. Señalo al respecto que el peronismo tal como fue concebido originalmente por Perón fue muy distinto del que finalmente resultó.
–¿En qué sentido fue modificado ese proyecto inicial?
–Tal como fue concebido en los tramos iniciales de la aparición de Perón en la vida pública, el peronismo era mucho más ecuménico, más abarcador, era el eje vertebrador de una gran coalición que reuniera vastos sectores de la nueva sociedad gestada al compás de las transformaciones de la época. Sin embargo, las vicisitudes de la coyuntura política, condensadas en la jornada del 17 de Octubre, le dieron un sesgo más obrerista. Puede decirse que, en su ambición, el peronismo se parecía a otros tantos movimientos nacionales y populares que se conocieron en América latina en los años 1940 y 1950, pero que se singulariza en ese universo por el peso formidable que tuvo la participación obrera organizada. De allí que la empresa política de Perón, que se proponía poner al país al abrigo de la agudización de la lucha de clases –un desenlace esperable si el Estado permanecía alejado, indiferente, a las cuestiones del trabajo–, terminó creando las condiciones políticas para la intensificación a posteriori del conflicto social.
–Usted señala que el peronismo original terminó siendo diferente del que se expresó luego con Perón en la presidencia. En ese sentido, podría decirse que ese proyecto inicial se pensaba como un movimiento más similar al del Partido Revolucionario Institucional (PRI) de México, en tanto amalgama de múltiples fuerzas sociales y políticas. ¿Qué similitudes y diferencias encuentra, tanto en su surgimiento como en su devenir posterior, entre ambos movimientos que hoy están en el poder en sus respectivos países?
–En primer lugar, el PRI es más incluyente de lo que terminó siendo el peronismo. Como dije, el peronismo inicial se proponía como una gran coalición social y política que, con eje en el Ejército y la Iglesia, aglutinara a las principales fuerzas sociales. La convocatoria de Perón no tuvo el alcance que esperaba. El mundo de los negocios no se avino a la propuesta de Perón de que era mejor sacrificar el 35 por ciento de sus privilegios a correr el riesgo de perder el ciento por ciento en un futuro cercano y cerró filas contra una política que ampliaba los derechos del mundo del trabajo. El PRI mexicano logró, en cambio, una gran amalgama de trabajadores, campesinos e, inclusive, de sectores empresarios. Por otra parte, la centralidad del liderazgo de Perón no tuvo correlatos en la trayectoria política del PRI.
–¿Cómo inciden esas diferencias en sus puntos de partida en sus respectivos desarrollos históricos?
–El PRI fue el fruto del acuerdo concertado por la clase política que hizo la revolución mexicana, la cual, para poner fin a la violencia suicida desatada en sus filas por los liderazgos en disputa, decidió hacer un pacto que reguló la sucesión en el poder. El peronismo, en cambio, nunca logró resolver el problema de la sucesión porque fue la obra de un hombre. Este es el segundo e importante contraste, porque el peronismo es un movimiento con un fuerte liderazgo personalista y el PRI es una máquina política articulada a partir de una regla clara de sucesión. Pasando ahora a sus semejanzas, diría, en primer lugar, que ambos movimientos tienen en común un fuerte arraigo popular. En segundo lugar, otra de las semejanzas es su gran ductilidad ideológica. Tantos años en la gestión del gobierno de México le dieron al PRI la cintura necesaria para saber cambiar el paso cuando se modificaban las circunstancias históricas. A lo largo de su trayectoria, el peronismo ha sabido también cambiar el paso frente a los desafíos nuevos que le puso la contingencia histórica. Perón fue el primero en acomodarse a las circunstancias cuando, sobre el final de su segunda presidencia, estuvo dispuesto a archivar su retórica nacionalista para abrir el país a las empresas petroleras extranjeras. Sus sucesores tendrían un espejo en el que justificar sus virajes. En un caso y en el otro, sobre el telón de fondo de ciertos principios generales muy vagos, que admiten interpretaciones coyunturales, los virajes han estado a la orden del día. Es decir, en algún momento, la lealtad al PRI equivalía a estar en contra del mercado y en otros estar a favor. Desde el retorno democrático en 1983, el peronismo en el gobierno supo conjugar el verbo del mercado y el verbo del Estado. En definitiva, esta ductilidad en materia de políticas ha convertido a ambos movimientos en un partido de todas las estaciones.
–Entre sus contribuciones se destaca el intento de calibrar la verdadera dimensión de los aportes de la vieja guardia sindical en el surgimiento del peronismo. En esa línea, usted destacó además sus dificultades para producir una agenda propia con Perón en el poder.
–En el momento de la irrupción de Perón existía una clase dirigente sindical que respondió a su convocatoria, y sirvió en un comienzo para hacer de puente entre el jefe militar y el mundo del trabajo en expansión, a la vez que ofreció sus capacidades en materia de organización a los nuevos obreros. Sectores de esa vieja guardia sindical pretendieron actuar con cierta autonomía con respecto al emergente líder popular. Fue un intento que no tuvo mucho alcance, porque, en rigor, bien pronto sus seguidores respondían más a Perón que a esos dirigentes. En esas circunstancias, la bandera de la independencia política perdió sustento porque significaba quedarse fuera de la gran fiesta que se estaba montando con Perón en el gobierno. Solo un puñado de ellos mantuvo una actitud de rebelión, pero conocieron muy rápidamente el ostracismo. Ahora bien, si puede decirse que en términos políticos el proyecto laborista terminó en un fracaso, con una perspectiva de más largo plazo de esa experiencia quedó algo muy importante: un movimiento obrero que mantuvo una personalidad diferenciada dentro del vasto movimiento reunido alrededor del liderazgo de Perón. Y esa personalidad diferenciada, a la que Perón debió darle un lugar también distintivo al crear la rama sindical, va a acompañar de allí en más al movimiento peronista, hasta convertirse, en los años oscuros de la proscripción, en la columna vertebral del peronismo. Es difícil encontrar movimientos en América latina de perfiles parecidos al peronismo que tengan que convivir con una vertiente sindical tan consistente. Y que además sea una fuente de conflicto sobre la conducción de esos mismos movimientos.
–Precisamente, muchas veces se ha reiterado ese conflicto entre los líderes sindicalistas y los dirigentes peronistas que están en el gobierno. ¿Por qué, sin embargo, nunca se terminó de consolidar un partido sindical o laborista?
–En realidad, deberíamos preguntarnos por qué las fuerzas peronistas no se amalgamaron en una unidad y por qué, a lo largo de su historia, fueron el ámbito de sectores sociopolíticos diferenciados. Es decir, la ideología peronista que recubrió a todo ese gran movimiento no tuvo, a mi juicio, una densidad tal que los reconvirtiera a unos y a otros en algo distinto de lo que eran. De modo que vamos a tener sindicalistas peronistas, políticos peronistas, jóvenes peronistas, pero cada uno reteniendo una identidad propia. Así, el peronismo se ha convertido más en un adjetivo que en un sustantivo. Y, a la vez, eso explica la recurrencia con la que los distintos sustantivos reunidos bajo las banderas del peronismo confrontan entre sí. O sea, no es que el peronismo no se volvió un laborismo, sino que tampoco se volvió un movimiento político unificado. El peronismo mantuvo un estado de no fusión de las distintas vertientes que supo congregar. A lo largo del tiempo, eso ha sido un ámbito de conflictos sobre la identidad del movimiento: por ejemplo en los setenta, cuando se esbozó un peronismo socialista, o como ocurrió más de una vez en la puja entre dirigentes políticos y dirigentes sindicales.
–¿Usted consideraría al peronismo como una suerte de amalgama o trama que no dota de una identidad fuerte a sus partes?
–El peronismo no es un comunismo. La densidad ideológica y cultural de los movimientos comunistas es muy intensa: se podría decir que los que entran al comunismo se vuelven comunistas, cualesquiera sean sus marcas de origen. Pero los que entran al peronismo siguen siendo lo que eran antes de su ingreso. Como esos principios de identidad previos no se borronean o caducan, existe siempre en las filas del peronismo un estado de efervescencia que tiene con frecuencia mucho que ver con esos orígenes diversos nunca cancelados. Hace poco Hugo Moyano se hizo eco de ese estado de cosas al proclamar, frente a una presidente elegida por el peronismo, que llegará el momento en que sea un dirigente obrero quien acceda a la presidencia en nombre del peronismo.
–Pocas semanas atrás, un gobernador peronista me planteaba que la sucesión iba a venir del propio peronismo, porque los obstáculos que hay que sortear para sobrevivir dentro de ese movimiento generan ciertas aptitudes para sobrevivir luego en el mapa más amplio de la política argentina.
–Por supuesto que sí. Sin embargo, para que esa competencia se resuelva con una alternancia a partir del propio peronismo, la oposición debe continuar en este estado de bancarrota en el que se encuentra. Ciertas veces, el litigio dentro del peronismo abre la puerta a una irresponsable división de sus filas. En 1999, por ejemplo, asistimos a una derrota autoinfligida a causa de las rivalidades entre Carlos Menem y Eduardo Duhalde. No fue un triunfo de la Alianza. Hoy en día estos juegos están habilitados por el escaso peso electoral de la oposición. Pero si sigue tirando demasiado de la cuerda, no hay que descartar sustos políticos, porque en los últimos tiempos se han estado incubando fracturas importantes dentro del peronismo.
–¿Por qué podría suceder eso?
–Uno podría decir que en el peronismo hay un alma permanente y un corazón contingente. El alma permanente está alimentada por principios rectores que hacen a los valores tradicionales del peronismo, como el nacionalismo, el estatismo, la justicia social, la protección social... Sobre ese telón de fondo, la conducción del peronismo se sintoniza con el clima de época bajo la inspiración de su corazón contingente. Sea porque ese clima de época se eclipsa, sea porque se cometen errores políticos, la estrella de ese peronismo contingente puede perder su brillo. En estas condiciones, se activan los reflejos del peronismo permanente para ofrecer una nueva oferta a fin de continuar en carrera y seguir siendo el partido predominante en Argentina. Tengo la impresión de que en la actualidad estamos asistiendo a los prolegómenos de este ciclo peronista. Ya ocurrió con el menemismo, que fue el perfil del peronismo contingente gestado en el contexto de la hiperinflación de 1989. Hoy el kirchnerismo, que es el perfil del peronismo contingente surgido de la hecatombe económica y política de 2001, está siendo confrontado con una oposición desde adentro de las filas del propio movimiento. A la vista del panorama que tenemos por delante, cabe preguntarse por el legado de casi una década de gobierno con el signo K. Ya sabemos que las consignas por mercado de la temporada menemista se diluyeron sin dejar huellas. Qué decir de las capacidades de este nuevo peronismo contingente de inspiración kirchnerista para perdurar más allá de la oportunidad histórica que supo aprovechar. Tomemos un ejemplo: la versión K de los derechos humanos y uno de sus emblema, Hebe de Bonafini. Al respecto, recuerdo un incidente en la campaña electoral con vistas a las elecciones de 1983: en un acto en la cancha de Atlanta organizado por el PJ, las Madres de Plaza de Mayo debieron retirarse en medio de la hostilidad de los que asistían y que veían en los retratos de los desaparecidos el rostro de los infiltrados condenados en su momento por Perón. En un movimiento en el que los conflictos políticos del pasado conservan la vitalidad de siempre, nos lo ha recordado hace poco la reapertura del dossier del asesinato de José Ignacio Rucci. No sería una sorpresa que el eventual retorno del peronismo permanente ponga en cuestión la versión kirchnerista de los derechos humanos.
–¿Por qué muchas experiencias, desde el retorno de la democracia hasta la fecha, intentaron proponerse como una suerte de “superación” del peronismo? Me refiero, por ejemplo, al cafierismo o el menemismo.
–No creo que haya habido en esas experiencias una voluntad de superar al peronismo. En realidad, una y otra buscaron recrear al peronismo y ponerlo en sintonía con el momento histórico de la época: la llamada renovación peronista con Antonio Cafiero a la cabeza, para hacer del peronismo un movimiento con una dinámica política de corte democrático y disputarle esa bandera al radicalismo; la experiencia de Carlos Menem, para gestionar desde el peronismo los vientos del neoliberalismo. El peronismo se recrea de forma permanente para estar a la altura de los tiempos. Uno de los problemas que enfrentan los partidos políticos es la coherencia.
–¿En qué sentido?
–Un partido demasiado coherente está condenado muchas veces a dejar pasar su cuarto de hora. Los partidos deben tener, preservando un núcleo duro de lealtades, la cintura suficiente que les permita ofrecer una oferta electoral competitiva. Es decir, deben poder capturar las demandas que están en la agenda de época a los efectos de sumar a su electorado propio otras fuerzas que le brinden el plus necesario para prevalecer electoralmente. Para eso, se requiere una buena dosis de agnosticismo en materia de políticas; en otras palabras, una gran flexibilidad para, como dije, saber cambiar el paso.
–De ese modo, ¿lo que usted señala como un “posperonismo” para designar el proyecto kirchnerista sería, en realidad, un nuevo peronismo?
–A falta de palabras mejores, cuando hablo de un posperonismo me refiero a la promesa de un peronismo nuevo en su orientación ideal y en su contextura, que fue alumbrada como proyecto por Néstor Kirchner en 2005, cuando señaló que el ciclo histórico del peronismo tal como lo conocíamos hasta entonces estaba acabado. Menem no trató de hacer otro peronismo: se limitó a hacer un viraje en sus políticas públicas y no buscó transformar la dirección y la trama de sus instrumentos de acción. Me parece que ahora sí existe la intención de superar al peronismo. Adonde antes teníamos al movimiento obrero y la liga de gobernadores, ahora tenemos a Unidos y Organizados, los movimientos sociales y la juventud camporista, que son la expresión de la tentativa de regenerar las ramas secas del pejotismo y de la burocracia sindical. En el contexto de una oposición institucional debilitada, lo que tenemos en el centro de la vida pública es la ambición de este proyecto posperonista y la reacción previsible de ese peronismo permanente, custodio de las veinte verdades enunciadas por Perón, que se resiste a entrar en la historia.
–¿La ruptura del kirchnerismo primero con el duhaldismo y ahora con el moyanismo debe interpretarse en esa línea?
–Tengo esa impresión. Cuando observamos los nombres de los que están haciendo banco en las filas del peronismo, hay figuras que no ven con ojos entusiastas este proyecto posperonista, que amenaza con prolongar su marginación política y están esperando su turno para rescatar el sello justicialista y ponerlo a salvo de las vicisitudes de la experiencia K. Aquí, en este escenario, se está jugando el campeonato del futuro político inmediato del país.
–Al principio de la entrevista estableció ciertas similitudes y diferencias entre el peronismo y el PRI. ¿Considera que el peronismo podría convertirse en una maquinaria electoral que supere las tensiones que están a la orden del día y regule su propia sucesión similar al PRI, ya ahora a casi cuatro décadas de la muerte de su líder y fundador?
–No tengo ni idea. Estamos ante una caja de Pandora: nos sorprende siempre.

¿POR QUE JUAN CARLOS TORRE?

El oficio del peronólogo


“Uno de mis esfuerzos es desembarazarme del peronólogo y dedicarme a otros entusiasmos. Pero debo confesar que no soy muy disciplinado y de tanto en tanto vuelvo con una frase o con un libro sobre estas temáticas”, señala Juan Carlos Torre antes de comenzar la entrevista. Graduado en la Universidad de Buenos Aires y doctor en Sociología por la Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales de París, acaba de dar a conocer Ensayos sobre movimiento obrero y peronismo (Siglo XXI Editores), en el que reúne una serie de artículos sobre ese movimiento central en la vida política de la Argentina de las últimas siete décadas. Allí, examina los antecedentes de su irrupción y se pregunta por qué no existió un fuerte movimiento obrero socialista en el país; vuelve a indagar en la gestación del vínculo entre trabajadores, sindicatos y la figura de Juan Domingo Perón y analiza el resurgimiento del sindicalismo peronista como grupo de presión autónomo entre 1955 y 1976.
De esta forma, estos textos se suman a otras obras fundamentales como La formación del sindicalismo peronista, La vieja guardia sindical y Perón. Sobre los orígenes del peronismo. El gigante invertebrado. Los sindicatos en el gobierno, Argentina 1973-1976. También compiló otro libro esencial: Los años peronistas, 1943-1955, el tomo VIII de la colección Nueva historia argentina de la editorial Sudamericana, publicado en 2002.
En su despacho de profesor emérito de la Universidad Torcuato Di Tella, destaca que hay nuevas generaciones de investigadores que están trabajando con mucha fuerza sobre temas del peronismo. Y resalta que, en la última década, proliferaron trabajos que avanzan sobre aspectos del peronismo de los años clásicos que aún no habían sido contemplados, como los estudios sobre el desarrollo de este movimiento político en el interior.
Konex de Sociología en 1996 y el Premio Bernardo Houssay a la Trayectoria Científica en 2010, Torre ha sido profesor visitante en diversas instituciones de América latina y Europa, y obtuvo la Beca Guggenheim. Además de sus clásicos sobre el peronismo, escribió El proceso político de las reformas económicas en América latina.

(publicada en el diario Página/12, 21 de enero de 2013)

Salir a asustar

 Por Manuel Barrientos 


A principios del siglo XX el filósofo y sociólogo alemán Georg Simmel advertía que, en medio de la multitud moderna, la presencia del otro era sentida como amenazante; y que el precepto “sólo puedo ganar perjudicándote” comenzaba a expandirse en las relaciones culturales, sociales y económicas. Más de un siglo después, cada vez más observamos a los “otros” como rivales que complotan contra el normal desenvolvimiento de nuestras vidas cotidianas. A escala global, los inmigrantes en Europa –o los jóvenes pobres en América latina– se transforman en los blancos de esa sensación de inseguridad creciente. Son “pájaros de mal agüero”, como sostiene el sociólogo polaco Zygmunt Bauman, porque traen el eco del desempleo y la exclusión que podrían llegar a alcanzarnos.
Hoy parece producirse un encerramiento con dos polos. Proliferan los countries, donde las clases medias y altas se refugian de los peligros externos. Al mismo tiempo, crece el número de detenidos en unidades penitenciarias. Pero ese encerramiento –impuesto o autoimpuesto– no hace más que multiplicar la sensación de inseguridad, porque aumenta el desconocimiento de lo que está afuera, de lo que no es igual. Genera un círculo perverso que –en la medida en que los puentes con lo distinto se desploman– se torna cada vez más frenético y tiende a retroalimentarse.
Las sociedades refeudalizadas y privatizadas exigen al “otro” su sacrificio constante y buscan no otorgarle nunca el estatuto de ciudadano pleno. Las políticas sociales universales son desvalorizadas y estigmatizadas, porque es esa integración a medias, precisamente, la que permite someter al “otro” a más y más exigencias: jornadas más extensas, sueldos más bajos, peores condiciones laborales. Los muros permiten al “nosotros construido” no ver el sometimiento que sufre el extraño.
Es necesario estigmatizar al otro, encerrarlo, aislarlo –a través de la xenofobia, la discriminación y la segmentación social– para perpetuar la asimetría y, al mismo tiempo, restaurar la comunidad del “nosotros” en base a esa diferencia. Sentirse parte de una comunidad que expulsa, que lincha, que castiga a lo diferente, aglutina identidades. Como resumía Ricardo Mollo, el cantante de Divididos, en uno de los discos clave de la música popular argentina de los años noventa: “Salir a asustar te protege más, en esta, la era de la boludez”.
La “solidaridad” se recupera a través de la elección de un enemigo común y habilita la exacerbación mutua contra ese otro que intranquiliza. “El miedo es un sentimiento favorable a los procesos de estigmatización, ya que encontrar ‘el culpable’ objetiva, ‘pone afuera’ el sentimiento. En cierta medida conjuga la incertidumbre concreta en palabras y nombra el objeto de los males”, explica Alicia Entel en su libro La ciudad y los miedos la pasión restauradora.
En esa línea, no se puede perder de vista que aquellos mecanismos que producen incertidumbre e inseguridad son, en general, de tipo global. Y, como recuerda Bauman, permanecen “fuera del alcance de las instituciones políticas existentes y, en especial, fuera del alcance de las autoridades estatales elegidas”. Esa precariedad nos lleva a sentirnos bajo permanente amenaza y genera una sensación de angustia dispersa y difusa.
Todas las acciones parecen concentrarse en el “combate contra la inseguridad”, el único aspecto en el que parece visible que se puede hacer algo. Con la vista en ese reino del ahora que brindan las encuestas, buena parte de la clase política busca sumar “imagen positiva” y apela a la demagogia punitiva. Proclaman que la “presencia” de ese Estado –al que prefieren ausente de la vida económica– debe centrarse en políticas de exclusión: cámaras de vigilancia, construcción de cárceles, más personal policial, aumento de las penas.
La actual lógica de la economía globalizada requiere una “política económica de la incertidumbre”. Exige que los Estados compitan entre sí (bajando impuestos) para captar inversores a través de la liberación del mercado. Así, el verdadero poder –el de las grandes empresas transnacionales– se vuelve opaco, invisible. Y esa política de la incertidumbre, lo sabemos, tiene entre sus pilares la expansión de las brechas de desigualdad: los pobres y los excluidos son los otros de los asustados consumidores. Volvamos a Bauman: “La imagen de los pobres mantiene a raya a los no pobres y, de ese modo, perpetúa su vida de incertidumbre. Los insta a tolerar con resignación esa incesante ‘flexibilización’ del mundo. La visión de los pobres encarcela la imaginación de los no pobres y les ata las manos”. El rostro del otro devuelve la imagen espejada de aquello en lo que se puede caer y termina desgastando la confianza de quienes tienen empleo e ingreso regular.
El grave problema es que esos ciudadanos –que se sienten inseguros y temen por lo que puede sobrevenir– no parecen estar en las mejores condiciones para sumarse a la discusión de los asuntos públicos. “Entretenidos en los miedos coyunturales y en el vivir hoy, no existen demasiadas posibilidades de pensar y desarrollar participativamente estrategias de anticipación y siembra colectiva”, previene Entel.
Se vuelven necesarias, entonces, más (y no menos) políticas de inclusión plena, que garanticen el ejercicio de los derechos económicos, civiles, sociales y culturales, que salten las barreras nacionales y alcancen escalas regionales. Para su planificación y puesta en práctica hace falta seguir fortaleciendo –desde la dirigencia política que se asume del campo popular, las organizaciones sociales y comunitarias, las universidades– aquellos espacios públicos que permitan construir miradas colectivas, globales y de largo plazo.
(publicada en el diario Página/12, 5 de abril de 2014)

Evo Morales busca extender su proceso de cambio

Por Manuel Barrientos y Walter Isaía


Los dos mandatos presidenciales de Evo Morales dotaron a Bolivia de una estabilidad institucional y económica que parecía impensada poco tiempo atrás. En especial, luego de los violentos enfrentamientos que vivió el mandatario con los prefectos opositores de la región de la “Media Luna” en 2008. Y, aún más, si se recuerdan los eclosionados comienzos del siglo XXI, con la guerra del agua del año 2000, la del gas de 2003 y las crisis que desembocaron en las salidas anticipadas del poder de Gonzalo Sánchez de Losada en 2003 y Carlos Mesa en 2005. Sin embargo, Morales se impuso a los obstáculos que enfrentó desde su asunción en 2006 y mantiene altos niveles de popularidad, que permiten estimar que logrará una nueva reelección en los comicios que se celebrarán el 12 de octubre.
“El proyecto masista es una combinación de estatismo nacionalista en la economía y Estado Plurinacional, como diseño institucional que materializa las demandas campesinas e indígenas incorporadas en la nueva Constitución Política en vigencia desde hace cinco años”, resume Fernando Mayorga desde Cochabamba. El director general del Centro de Estudios Superiores Universitarios de la Universidad Mayor de San Simón explica que el Movimiento al Socialismo (MAS) de Morales “ocupa el centro del espacio de discursividad política” porque articula elementos del nacionalismo y el indigenismo y no tiene, por lo pronto, rivales “con aptitud para disputarle esa capacidad articulatoria”.
Evo y su vice Álvaro García Linera encabezan la fórmula del MAS y tienen como principales contrincantes, por derecha, a la fórmula de la Unidad Demócrata (UD), integrada por el empresario Samuel Doria Medina y Ernesto Suárez, un aliado del gobernador de Santa Cruz, Rubén Costas; y, por centro izquierda, al Movimiento Sin Miedo (MSM), que candidatea al ex alcalde de La Paz, Juan del Granado. También se postulan Fermín Vargas (Partido Verde), un dirigente que se opuso a la construcción de una ruta en el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro-Secure (TIPNIS); y el ex presidente Jorge “Tuto” Quiroga (Democracia Cristiana), quien completó el mandato del ex dictador Hugo Banzer Suárez entre 2001 y 2002.
Como es habitual, la guerra de encuestas recrudeció en los últimos meses. Un sondeo de la empresa Ipsos indica que el apoyo a la gestión de Morales trepa al 73%, mostrando incluso buenos desempeños en regiones tradicionalmente opositoras, como Santa Cruz. La aprobación en La Paz llega al 76%; y en El Alto, al 83%. La revista Tal Cual también ubica a Morales primero, pero con el 38,3%, seguido por Doria Medina con 14%. Aún con estos números menos holgados, el actual presidente ganaría en primera vuelta, ya que para evitar el balotaje necesita del 40% de los votos y una diferencia mayor a diez puntos sobre el segundo o sumar la mitad más uno de los sufragios.
Mónica Oblitas, periodista de Los Tiempos, el diario de mayor tirada en Cochabamba, advierte que los niveles de adhesión del MAS disminuyeron en las últimas encuestas. Por un lado, porque si bien un alto porcentaje de bolivianos se identifica como indígena, Morales hace hincapié en su extracción aymara, y en el norte y sur del país existen otras etnias que no se sienten identificadas, como es el caso de la quechua y la guaraní. “Considero que la relación con las clases medias también ha sufrido un deterioro, sobre todo por las denuncias de corrupción que enfrenta el vicepresidente García Linera”, señala Oblitas.
Pablo Mamani Ramírez es sociólogo y magister en Ciencias Sociales de FLACSO Ecuador. Autor de los libros El Rugir de las Multitudes y Geopolíticas indígenas, entre otros, reconoce que Morales tiene importantes grados de apoyo en ciertos sectores sociales por la estabilidad económica. “Otro factor se debe a que él viene del mundo indígena y la gente lo ve como un “hermano”, pese a sus graves contradicciones, como son los acuerdos y los negocios económicos con los grupos de poder de Santa Cruz”, asevera.

EN FRACCIONES
En las elecciones de diciembre de 2009, Evo Morales logró su primera reelección con el 64%, dejando en el segundo lugar al ex prefecto de Cochabamba Manfred Reyes Villa (Convergencia Nacional), que obtuvo el 24%; y al empresario y siempre-candidato Samuel Doria Medina (Frente Unión Nacional), que reunió el 5%.
Pero Convergencia Nacional se disolvió en los años posteriores y surgieron varios partidos políticos de carácter regional. Algunos de ellos, de tendencia de centro derecha, se nuclearon en el Movimiento Democrático Social (MDS) y luego firmaron un acuerdo electoral con la Unidad Nacional para postular a Doria Medina. Su peso electoral se encuentra, especialmente, en Santa Cruz –la región económica más importante-, cuyo gobernador Rubén Costas es el verdadero líder del MDS.
La novedad parece estar en el campo del centro izquierda. El Movimiento Sin Miedo (MSM) rompió su alianza con el MAS en abril de 2010 y se presentó como una fuerza opositora en el Congreso. “Surgió una postura contraria al oficialismo desde posiciones de izquierda, algo inexistente durante el primer gobierno de Morales”, observa Mayorga. El MSM controla el municipio de La Paz desde hace quince años y su candidato presidencial –Del Granado- fue alcalde entre 1999 y 2010.
Periodista y autor de los libros El pensamiento boliviano sobre los recursos naturales y Pulso de las palabras, Fernando Molina responde a Debate desde La Paz: “No es posible descartar que la oposición logre reequilibrar el juego, pero tal cosa sería una hazaña. No sólo por la popularidad de la candidatura oficialista, aupada por diez años de crecimiento económico, sino porque el MAS va a concurrir a las elecciones respaldado por el Estado, por todo su peso económico, comunicacional y de movilización política”.
Molina considera que, luego de la resistencia que encontraba el gobierno de Morales en la región de la Media Luna, que se debió sobre todo a la pérdida del poder por parte de las élites tradicionales mayormente radicadas en Santa Cruz, esta región ha quedado bajo la hegemonía masista. “Hoy su candidato es Morales, promesa de que la fiesta no será interrumpida por la inestabilidad política que seguramente traería un alejamiento del MAS del poder”, indica.
Por su parte, Mamani cree que las chances de la oposición se centran en las elecciones regionales y no a escala nacional. El sociólogo alteño pone el foco sobre la lucha de egos entre los políticos opositores: “La llamada oposición es un mundo de murallas entre sí porque pelean por ser candidatos. La vieja derecha tiene semidioses y cada uno quiere erigirse como un verdadero Dios. En el fondo, sus propuestas no tienen referencia a los nuevos tiempos”.
La oposición busca sacar rédito con sus críticas al supuesto “estilo autoritario” de Morales en la conducción del gobierno, la ausencia de “pluralismo” y a la escasa vigencia del “estado de derecho”. Desde el MSM critican la orientación extractivista del modelo económico implementado en 2006, porque supone una “traición” a las demandas indígenas. Con buena imagen luego de su paso por la alcaldía de La Paz, Del Granado también apunta a la baja calidad en la gestión pública nacional.
Otros de los ejes de la campaña opositora pasa por el modo en que Morales y García Linera lograron la posibilidad de presentarse a un nuevo mandato. Si bien la Carta Magna de 2009 habilita una sola reelección, un fallo del Tribunal Constitucional interpretó que el primer mandato de Morales transcurrió durante la república y no bajo el nuevo estado plurinacional. Por tanto, no debe computarse y Evo busca “sólo” a su primera reelección.

INFORME DE GESTIÓN
Luego de la reunión del G77 + China que se realizó en junio último en Cochabamba, la secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), Alicia Bárcena, sostuvo que la economía boliviana “sigue siendo muy dinámica” y subrayó que ese país tiene las reservas internacionales más altas por persona de la región, un bajo endeudamiento público y un desempeño “muy prudente” de la macroeconomía.
“Es un momento histórico muy curioso, porque es de gran consenso y estabilidad. El proyecto del MAS es hegemónico. Se trata de un modelo de ‘bienestar insostenible’, que vive del boom de las materias primas, la consiguiente liquidez de la economía nacional, el aumento exponencial del gasto público y, por tanto, la dinamización del producto interno”, critica Molina. El periodista paceño manifiesta que el bienestar experimentado en los últimos años depende del entorno internacional y de la habilidad del Ministerio de Economía para enfrentar la mengua de los flujos financieros que puede darse a largo plazo. “Sólo que en este momento nadie piensa en el largo plazo. Vivimos en una suerte de ‘fiesta’ que todos quieren disfrutar. Tampoco la oposición propone parar la música; su oferta es lograr que quienes la pasen bien no sean los de ahora, sino los más pobres y los ciudadanos sin vinculación corporativa, los que por razón de su pobreza o por no pertenecer a las organizaciones galvanizadas por el MAS, han quedado hasta ahora fuera de la sala de baile”, indica.
Con una proyección de crecimiento para 2014 de 5,5%, durante el gobierno del MAS se registró un salto en la inversión extranjera directa: en 2013 fue de 2.030 millones de dólares frente a los 1.300 millones de 2008. En la última década, desde la Masacre de Octubre, cuando la sociedad boliviana se lanzó a las calles para defender el gas, cuestionar la legitimidad de Gonzalo Sánchez de Lozada y llamar a elecciones anticipadas, el crecimiento económico trepó del 2,7% en 2003 al 6,6% en 2013. El PIB estimado para este año ronda los US$ 32.000 millones, lo que cuadruplica la cifra que se tenía hace casi ocho años.
La nacionalización de una veintena de empresas desde 2006 le dio al Estado boliviano el control del 38% de la economía del país. El proceso de nacionalización de sectores como el de hidrocarburos, minería, electricidad y de servicios permitió que el gobierno pueda contar con los recursos para aplicar el “Nuevo Modelo Económico, Social, Comunitario y Productivo” e hicieron posible la implementación de múltiples programas sociales. En cuanto al desempleo, el FMI estima que este año la tasa se quedará en 6,3% de la población activa, un punto porcentual menos que 2013, y en 2015 se situará en 6,2%.
Las políticas sociales se desdoblan en diferentes programas. En el marco educativo, se destacan el Bono “Juancito Pinto”, ejecutado desde 2006, que tiene como objetivos incrementar la matrícula y reducir la deserción, así como disminuir la transmisión intergeneracional de la pobreza, y alcanza a 1.951.385 personas. También tienen un buen impacto el Desayuno Escolar y el Programa de Alfabetización a Adultos. El ámbito de la salud se aborda desde el Bono Juana Azurduy de Padilla, un ingreso a las madres embarazadas y al hijo, que perciben 1.046.215 de personas. Este programa logró disminuir la extrema pobreza, la mortalidad materna infantil e incentivar la asistencia de los niños y niñas a las escuelas. En cuanto a los programas de ingreso, se destacan el de seguridad social de largo plazo conocido como “Renta Dignidad” y la disminución en las tarifas de servicios.
El último informe anual del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) resaltó los avances en materia de desarrollo social, con la disminución de las tasas de pobreza y, en especial, de indigencia, mediante los mecanismos de redistribución de la riqueza como bonos y rentas. Según datos oficiales, la pobreza moderada en Bolivia llegaba en 2002 a 66, 7%, y en 2011 disminuyó a 45%; mientras que la pobreza extrema cayó del 38,2% de 2005 al 21,6% de 2012.
Para Mayorga, la ductilidad de la estrategia política de Evo Morales permite explicar la permanencia de su popularidad después de nueve años de gobierno. “El resultado general que expresa esta política moderada y realista es lo que defino como una ‘construcción minimalista’ del Estado Plurinacional: esto quiere decir que el ‘proceso de cambio’ no se ciñe a un dogmatismo estatista, tampoco al indigenismo particularista, menos al regionalismo centrífugo”, explica.

LA NUEVA AGENDA
Desde la capital política y administrativa del país, Molina entiende que Morales representa el sentimiento nacionalizador de los recursos humanos y es el candidato de los sectores corporativos (campesinos, mineros, cocaleros), históricamente fuertes en Bolivia, que con él retornaron al gobierno. Pero advierte que su rol “redistribuidor de poder y riqueza” se ha empezado a complicar: si antes el MAS quería incluir a quienes no estaban, ahora quiere aumentar el poder de estos, lo que resulta excluyente para otros sectores, sobre todo las clases medias urbanas, los trabajadores independientes, los profesionales. “Este ‘resto’ se beneficia del crecimiento del país, pero no del cambio de élites políticas ni de políticas redistributivas específicas. Esta es la clientela potencial de la oposición”, afirma. Y enumera como dificultades que deberá sortear Morales el encarecimiento del costo de vida, al aumento de la corrupción y, en general, el crimen, la polución, la falta de servicios. “Estos y otros problemas fueron menospreciados y mal manejados por el Gobierno, concentrado como está en los grandes temas desarrollistas (industrialización del gas, aumento del gasto público, etcétera)”, sostiene.
El MAS mantiene sus bases de apoyo más importantes entre las organizaciones campesinas y la Central Obrera Boliviana (COB), que agrupa a diversos sindicatos obreros y fabriles. El respaldo del movimiento indígena, sin embargo, tuvo altibajos en estos nueve años. Mamani Ramírez observa que los qullas o aymara-quechuas tienen cada vez más fuerza social, política y económica. “Se gestó un poder qulla, que el gobierno minimiza mediante una política de desvíos, cooptación y criminalización jurídica de los luchadores sociales que no siempre están de acuerdo con el gobierno y no necesariamente son de derecha”, indica. El conflicto por la construcción de una autopista en el TIPNIS, ubicado en los departamentos de Beni y Cochabamba, generó la ruptura de diversas comunidades originarias con el oficialismo.
Ahora bien, ¿cuáles son los desafíos que deberá enfrentar Morales si accede a un nuevo mandato? Oblitas expresa la necesidad de “transparentar el uso de fondos estatales para obras que no están rindiendo cómo se dijo que lo harían, sobre todo el caso de las industrializadas”, dar representatividad política a los gremios que lo apoyan y convencer a la población de que en Bolivia se respetan los derechos humanos. Y pide reforzar las políticas de salud y educación, en detrimento de las poderosas Fuerzas Armadas, que llevan gran parte del presupuesto nacional.
Molina considera que si el MAS obtiene un tercer período presidencial deberá “conjurar las fuerzas envilecedoras de su proyecto” (corrupción, exceso de gasto público, peleas internas) y tratar de mantener la hegemonía sin exceso de coerción, lo que depende de que las condiciones económicas sigan siendo tan buenas como hasta ahora. “Y esto no es imposible: los pronósticos dicen que el ‘aterrizaje’ latinoamericano del ciclo de altos precios de las materias primas será muy, pero muy lento”, reconoce.

  
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Recuadro
Motor minero y despojo

Con la llegada de los españoles a América se estima que unas 90 mil toneladas de plata fueron extraídas entre 1500 y 1800. El Cerro Rico de Potosí fue el mayor centro minero, aportando a la corona española el equivalente a 50 mil millones de dólares. La población de Potosí superaba a la de Sevilla, Madrid, París y Londres. Esta expropiación fue el motor de la economía europea, pero dejó a Potosí en la más extrema pobreza y con cientos de miles de muertos por trabajo esclavo y epidemias.
Desde mediados del siglo XIX, Bolivia volvió a instalarse en el comercio mundial con la quina -utilizada contra el paludismo-, hasta que las exportaciones asiáticas de las colonias inglesas y holandesas acapararon el mercado.
De Bolivia salieron a inicios del siglo XX las principales producciones de caucho o goma elástica, vital para la industria del automóvil en Europa y Estados Unidos. Esta explotación produjo también la Guerra del Acre, en la que Brasil ocupó esa parte de territorio boliviano.
La demanda norteamericana y europea luego fue por el estaño como un elemento ideal para aleaciones, convirtiendo al país en el segundo productor mundial hacia 1920. Pero a Bolivia le quedó poco. El Estado sólo recibía el 3% de las exportaciones.
Entonces, el eje pasó por los hidrocarburos. Bolivia ocupa el segundo lugar en la región en reservas naturales de gas y un agresivo plan de explotación permitirá alcanzar más de 76 MMmcd de gas natural para 2015.

El litio parece la clave del futuro. Su demanda crece para la fabricación de baterías de celulares, tablets y autos eléctricos. Otra vez, Bolivia tiene el yacimiento más grande: en el Salar de Uyuni.

(publicada en Revista Debate, julio de 2014)

martes, 14 de octubre de 2014

Rossana Reguillo: “Hay un retorno de lo político en la conformación de colectivos juveniles”

Por Manuel Barrientos


Doctora en Ciencias Sociales especializada en antropología social, Rossana Reguillo es una de las principales referentes del campo de los estudios socioculturales en América Latina. En marzo último, Siglo Veintiuno lanzó una nueva edición de Culturas juveniles. Formas políticas del desencanto, que actualiza y amplía los textos ya clásicos que Reguillo había publicado originalmente en el año 2000.
“Vender riesgo es la única opción que tienen muchos jóvenes latinoamericanos”, dispara en diálogo con Debate. Titular de la Cátedra Unesco de Comunicación de la Universitat Autónoma de Barcelona, Reguillo describe las dificultades que enfrenta la juventud en el continente y advierte sobre la ausencia de macropolíticas, en buena parte de los países latinoamericanos, que permitan avanzar en la resolución de estas problemáticas. Pero también destaca la creatividad de los jóvenes para ensayar nuevas formas de gestionar sus propias vidas y el surgimiento de prácticas políticas que saben combinar lo digital con lo presencial.

¿Qué características particulares adquieren las nuevas culturas u organizaciones juveniles en América Latina?
Se hallan diferencias muy grandes entre los colectivos juveniles en la Argentina, en Colombia, en México o en el propio Chile, pese a que parecería que América Latina es un continuo homogéneo. Aunque haya que mantener estas necesarias distinciones, hay tres elementos que podríamos colocar como un piso común para los jóvenes en América Latina. El primero está ligado a las difíciles condiciones que están experimentando para incorporarse a la sociedad, tanto a través del estudio como del trabajo. Esa situación representa un desafío muy grande para ellos, y tiene formas de respuestas distintas. En lo que respecta a la formación de colectivos, se puede encontrar una enorme capacidad de autogestión. Es decir, en la manera en que cotidianamente están reinventado el trabajo, a veces en condiciones muy desventajosas.
¿Por qué se genera esa capacidad de autogestión?
Estamos frente a una generación que no está esperando que se le resuelvan las cosas desde arriba. En ese sentido, un segundo aspecto muy interesante es que, en los últimos años, estamos presenciando el retorno de lo político en la conformación de colectivos juveniles. Si bien durante la última década del siglo XX y buena parte de los primeros años del siglo XXI, los jóvenes estaban muy separados de estos temas, hoy vemos que regresan con fuerza al escenario político, aunque no en las formas tradicionales como los partidos, sino planteando debates e involucrándose en distintas causas, más que en organizaciones.
¿Y el tercer aspecto común?
Aunque sea necesario guardar un prudente optimismo dada la exclusión de muchos jóvenes de la tecnología digital, es una generación que sabe utilizar la tecnología a su favor, para pronunciarse, producir, crear arte o mantenerse en contacto con lo que está pasando en el mundo. Pero fuera de este piso común, es muy diferente la situación que están viviendo, por ejemplo, los jóvenes en la Argentina, donde me sorprendió su reencantamiento con la política formal; comparada a la de México, donde mantienen una actitud de total rechazo y de total desconfianza frente a la política y a los políticos.
¿Cómo viven los jóvenes esa paradoja entre los “cierres” que imponen las instituciones y la supuesta “apertura” que reciben por parte de las industrias culturales?
Los cambios más recientes apuntan a una generación que no pide ni perdón ni permiso, y que logra, frente a eso que con buen sentido llamas los cierres institucionales, reinventarse y generar estrategias, no sólo de supervivencia, sino también de participación. Si uno revisa la cantidad de blogs que pueblan el espacio digital, puede darse cuenta, sin mayores dosis de aparato teórico o metodológico, que muchos de ellos son jóvenes que ponen en aprietos a las instituciones, incluso de las industrias culturales. Hay fenómenos fascinantes, que todavía no alcanzamos a calibrar en lo que tiene que ver con los cambios que van a traer aparejados. Por ejemplo, los grandes medios se ven desafiados por un nuevo periodismo juvenil o ciudadano que no espera que la verdad le sea revelada. También existen procesos de intercambio musical que son inéditos en la historia reciente, porque dan la espalda a consorcios y monopolios discográficos y, sin embargo, circulan por el espacio no sólo digital.

DESEMPLEO Y ESTIGMATIZACIÓN
¿Por qué los medios y buena parte de la clase política estigmatiza a los jóvenes como agentes de la inseguridad?
Indudablemente no es un problema que empezó ayer, pero esta estigmatización sobre los jóvenes comenzó a subir de tono en la medida en que se hizo más evidente la crisis estructural en nuestros países. Es decir, hacia finales de los años ochenta, cuando comenzó a evidenciarse el fracaso del modelo económico -y, en buena medida, político- por el que se había optado. En ese momento, muchos de estos jóvenes, que además han sido mayoría demográfica en el continente, se volvieron visibles como problema. Esta tendencia se observó de forma temprana en Colombia y en México, y más tardíamente en la Argentina, también por su propia composición demográfica. Pero fue una especie de reacción social, en la que parecía que la propia sociedad le decretaba la guerra a sus jóvenes y los volvía responsables de una crisis que nadie parecía entender muy bien de dónde provenía.
¿Cuál es la actualidad de estos discursos?
No sólo está muy expandido entre las grandes corporaciones, los grandes medios y los políticos más conservadores, sino que se encuentra también como discurso cotidiano entre la gente, que ha desarrollado una especie de miedo atávico a los jóvenes de los sectores más empobrecidos y populares de la sociedad. Esto se ha ido agravando, y en la medida en que la pirámide juvenil empieza a presionar más, como ya se ha planteado en muchas investigaciones elaboradas por la Cepal, mi diagnóstico es que tenderá a agravarse aún más. Por tanto, hay una enorme responsabilidad en producir un contrarrelato. Hay que advertir: cuidado que muchos de estos jóvenes, aunque uno no pueda aplaudir muchas de sus conductas, no son los victimarios. No me gusta esta oposición dicotómica entre víctimas y victimarios, pero es útil para efectos de claridad. Entonces, en todo caso son las víctimas de un modelo económico que no previó el momento económico que íbamos a vivir.
En ese sentido, se observa que los índices de desempleo en los jóvenes -y, especialmente, en las mujeres jóvenes- son mucho más altos que los de la población general.
Así es. Y cuando se agudiza la crisis, son los primeros en ser expulsados del mercado laboral. Además, son los jóvenes quienes están aceptando los trabajos con peores condiciones del mercado. Muchas veces no reciben más que contratos temporarios, sin seguridad social, y muchos de ellos están dispuestos a trabajar por la mitad del salario por el que trabajaría un adulto. Se trata de una situación sumamente difícil y compleja. En condiciones y en contextos de pobreza, la única oportunidad que tienen muchos jóvenes es la de vender riesgo. Es decir, su fuerza de trabajo es el riesgo que están dispuestos a vender. Y hay muchos actores y muchas fuerzas muy interesadas en comprar ese riesgo.
En muchos casos, ese discurso se transforma en profecía autocumplida. ¿Qué políticas detecta en los gobiernos de la región que intentan romper con ese círculo?
En términos de macropolíticas, lamentablemente los gobiernos en la región, aun los de avanzada o aquéllos con los mejores proyectos de seguridad social, no tienen todavía una estrategia para enfrentar este problema. Hay preocupaciones, hay políticas públicas más atinadas que otras, y hay lugares en los que ni siquiera les da para pensar en esto como un problema serio, como es el caso de Centroamérica. Pero, en términos de estrategias macropolíticas y macroeconómicas, todavía no se calibra y no se dimensiona el tamaño del problema. Un caso paradigmático es el de México, con sus miles y miles y miles de jóvenes dispuestos a enrolarse en las filas del narcotráfico. En algunos casos, parece que se quiere combatir con aspirinas una metástasis cancerígena.
¿En qué sentido?
Es una problemática que no se puede combatir más que con una inversión macroestructural en términos económicos y con una política que sea acorde en toda la región. Con sus diferencias políticas, ideológicas, de sesgos, cuando sale el problema de los jóvenes en las cumbres regionales observo que no atinan a dar cuenta de la verdadera escala del problema. Se les ocurre hacer más escuelas. Y sí, es evidente, pero el problema no pasa por el número de escuelas que se construyen, sino por las condiciones estructurales que se proveen para que esos jóvenes puedan quedarse en esas escuelas.
¿Qué variables debería tener en cuenta una política macro de inclusión de los jóvenes?
En primer lugar, hay que dejar de pensar a los jóvenes como sujetos “tutelados”, “incompletos” y pensar en ellos como sujetos de derecho. Ese cambio de paradigma es fundamental y no está suficientemente instalado en los discursos políticos de la región, más que con algunos rasgos o atisbos. Partiendo de eso, lo que se requiere de fondo, lo voy a decir un poco en broma, es una especie de gran Plan Marshall. Es decir, una inversión multitudinaria en la generación de estructuras capaces de atender lo que sigue, porque estamos con tantos déficits encima que resolver los rezagos ya resulta prácticamente imposible, a menos que se dedique todo el Producto Bruto Interno a esa problemática. Deben generarse fuentes de trabajo y tomarse muy en serio la legislación en torno al primer empleo, que no se discute suficientemente en la región. Una segunda cuestión está vinculada al aparato educativo, porque tenemos problemas estructurales, pero al mismo tiempo tenemos un problema simbólico de proporciones apocalípticas.
¿Cuál es ese problema?
Debemos pensar qué escuela necesitamos para los desafíos que están enfrentando los jóvenes en este momento, porque no se van a resolver con esas recetas de capacitación para el mal empleo. Con esos programas que dicen: “acércate y te hacemos carpintero o plomero en tres días”. Creo que el asunto requiere transformaciones de fondo. Y hay un desafío muy grande que pueden cumplir los medios de comunicación, que deben hacer mejor su trabajo en vez de criminalizar a los jóvenes. Hace falta un periodismo de investigación que devele las terribles condiciones en las que estos jóvenes están desarrollando sus biografías.

POLÍTICA DIGITAL Y ANALÓGICA
¿Cómo analiza las protestas estudiantiles que se dieron en los últimos años, principalmente en Chile, pero también en otros países de la región?
Las protestas en Chile, Colombia, más recientemente en México, colocan en el centro al estudiante. Lo paradójico es que cuando el mundo parecía haber decretado, en este momento tardío industrial, que las aspiraciones de las generaciones más jóvenes debían ser de otra índole, vemos otra vez reivindicaciones totalmente estructurales en el espacio público: por el derecho a una educación de calidad, por el trabajo, por condiciones de salud y de seguridad social. Entonces, es una situación muy difícil de pensar.
¿Cuáles serían esas dificultades?
Tienes estos sujetos híbridos que se manejan en Twitter, Facebook, que son capaces de tender vínculos entre Chile y los Occupy Wall Street. Pero, al mismo tiempo, ponen en el centro de la mesa el fracaso del modelo económico de aspiración planetaria. Se observan transformaciones en los modos de luchas, porque se trata de una generación que aprendió de las anteriores, pero al mismo tiempo esa nueva imaginación en la capacidad de plantarle el cuerpo y las ideas al sistema no tiene fin. Se les ocurren cosas como el Besatón en Chile, y salen a besarse a la calle al frente del Ministerio de Educación Pública. Entonces, la seriedad de los movimientos de los ochenta, que no se permitían ninguna sonrisa, se estrella contra esta nueva perspectiva, en la que la pasan muy bien mientras hacen la revolución.
¿Cómo pensar las conexiones de estas nuevas prácticas con la política partidaria o electoral, incluso más allá de las estructuras tradicionales?
Es un debate muy interesante que ha surgido en los últimos meses, especialmente a partir de la emergencia de Occupy Wall Street. Zygmunt Bauman negó cualquier tipo de capacidad de transformación a los indignados españoles, acusándolos de ser pura emoción. Poco después, Slavoj Zizek los regañó diciéndoles que no estaban en un Carnaval y que debían tomarse en serio la revolución. Y Edgar Morin dijo que los indignados eran capaces de denunciar pero no de enunciar. Creo que son críticas infundadas, y ciegas o miopes a las transformaciones que se han operado en los movimientos sociales. Estamos frente a procesos de insurgencia que trabajan por fuera de cualquier tipo de noción programática. Son insurgencias, están operando como un síntoma de los múltiples fracasos de los modelos asumidos, pero nadie está en condiciones de exigirles un programa de gobierno. Son movimientos que nacen con una voluntad de ser ellos mismos el plan. Como diría el politólogo Benjamín Arditi, la insurgencia es el propio plan. Entonces, las instituciones no están en condiciones de abrazar lo que estos movimientos juveniles están significando, porque  no tienen las categorías construidas para eso, debido a su fundación decimonónica.
¿Qué rol cumple la tecnología en estos procesos?
Las tecnologías digitales y las redes sociales los vuelven muy rápidos, les permiten ser muy creativos, estar en interacción permanente con movimientos afines. Pero no agotan la explicación posible. El año pasado estuve cuatro meses en Nueva York, siguiendo al movimiento Ocuppy Wall Street. Y el gran desafío para el uso de estas tecnologías es cómo combinar la política caliente -el cuerpo en la calle y en la plaza, la articulación con aquéllos que no frecuentan las redes sociales- con el uso de estos dispositivos. Pero, contrariamente a lo que se puede sospechar, estos movimientos saben que la revolución no se hace en Twitter y van encontrando la temperatura para hacer estas combinaciones entre lo digital y lo presencial. En síntesis, podría decir que son anfibios, que tienen una tercera branquia que todavía no les vemos. Pero también que ellos pueden navegar con absoluta comodidad y continuidad, en medio de los dos mundos, algo que a los adultos nos cuesta un enorme trabajo.

(publicada en la revista Debate, 20 de abril de 2012)