martes, 14 de octubre de 2014

Entrevista a Eduardo Jozami: "Hay que contar mejor los años setenta"

Por: Manuel Barrientos



Estoy muy decidido a que toda actividad futura sea compatible con una tarea intelectual que impondrá condiciones o modos de hacer política, le escribía Eduardo Jozami a su mujer, Lila Pastoriza (periodista y sobreviviente de la ESMA), en abril de 1983. El retorno democrático se acercaba y, desde el penal de Rawson, advertía sobre la necesidad de (re)pensar antes de reintegrarse a la vida política. Pasadas tres décadas, Jozami es docente en las universidades de Buenos Aires y de Tres de Febrero, integra el espacio Carta Abierta y dirige el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti, que funciona en la ex ESMA. Jozami reconoce que hasta que cayó preso, en 1975, le daba predominio a la política: Escribía porque era parte del oficio del periodista y porque era una manera de discutir con los compañeros, pero no me planteaba publicar. En prisión, sin embargo, la actividad que podía desarrollar era leer y escribir, siempre que aceptara que esos apuntes pudieran perderse en alguna requisa. Fui enviando en cartas aquello que escribía y de alguna manera lo salvé. Este libro representa en cierto modo ese vuelco hacia la escritura que se fue gestando en la cárcel, explica sobre 2.922. Memorias de un preso de la dictadura, publicado por Sudamericana, que relata aquellos ocho años de prisión, desde su detención en 1975 hasta su liberación en septiembre de 1983. 

Viernes: Desde la literatura y el cine se solidificaron ciertos relatos sobre el terrorismo de Estado. Muchos de ellos surgieron inmediatamente después del retorno democrático y aún siguen resonando con fuerza. ¿Qué debates que considera pendientes quiso poner en escena en este libro?

Eduardo Jozami: Quise reflejar lo que fue mi experiencia y lo que sigo valorando de esos años. Soy muy crítico de la experiencia de Montoneros, en muchos aspectos, pero creo que el proceso político de los años setenta fue muy importante; y no es casual que el kirchnerismo se reconozca en buena medida en ese antecedente. Fue la primera vez, en la Argentina contemporánea, en que hubo posibilidades de transformaciones profundas; y, entonces, ese programa sigue siendo actual. Pero también creo que no hemos avanzado todo lo que sería posible y necesario con respecto a la discusión sobre cómo fue efectivamente aquel período. 

V.: ¿Por qué?

E.J.: 
Como escribo en el libro, a lo largo de esos años tuve diferencias importantes, aunque durante algún momento pensaba que no tenía sentido que trascendieran. Ahora creo que pueden ayudar a que otra gente que no vivió esa experiencia lea las razones por las cuales algunos seguíamos estando ahí, a pesar de nuestras miradas críticas sobre algunas cuestiones. No me pongo como modelo, cada uno hizo lo que pensó que tenía que hacer. Pero la visión de una lucha revolucionaria sin fisuras, que se ha presentado muchas veces como opuesta a la versión que demoniza a los subversivos, me parece que a esta altura ya no aporta demasiado, porque la sociedad argentina ya ha hecho una elección. Algunos siguen reivindicando la figura de (Jorge Rafael) Videla porque piensan que fue necesario dar un golpe para eliminar el peligro que significaban los subversivos; y los que miran con simpatía los años setenta entienden que era necesario un cambio profundo en el país, quieren seguir haciéndolo hoy y se reconocen en lo que está pasando. Por eso creo que para entender más allá de ese dislocamiento básico hay que contar mejor cómo fue esa experiencia.

V.: En el libro hay un rescate de la política de masas.

E.J.: 
En 1966 yo era secretario del Sindicato de Periodistas. Me gustaba mucho la tarea sindical y el trabajo de masas, y me sentí convocado por la experiencia cubana. Vivía una gran contradicción en aquellos años entre ese estar convencido de que si no se adoptaba una estrategia revolucionaria no era posible avanzar en un proceso de liberación de la Argentina, donde había ocurrido el golpe militar de Juan Carlos Onganía; y la preocupación porque aquello no se comiera a la política. En ese sentido, el año 1973 fue extraordinario no sólo porque marcó un amplio triunfo popular, sino porque abrió grandes posibilidades de acción política. Pero empecé a ver con preocupación que todos no lo pensaban así. Más bien lo que planteaban era -y tenía fundamento en la realidad- que se trataba de un interregno político entre dos gobiernos militares. Entonces, cuando Montoneros decidió pasar a la resistencia, no hubo una vocación, un interés por ensanchar los espacios de la política. Tuvo un costo político altísimo, porque en pocos meses se fue debilitando mucho el consenso social que había construido la organización.

V.: Muchos de los reclamos de los organismos de derechos humanos se convirtieron en políticas de gobierno a partir de 2003. ¿Hasta qué punto pueden perdurar después de 2015?

E.J.: 
Es el gran desafío. Algunas cosas calaron hondo en la sociedad. La condena a la dictadura ha sido muy fuerte; son pocos los que estarían dispuestos a firmar un petitorio para que se entregue a los marinos el predio de la ex ESMA o para que se liberara a los represores presos. Pero no hay políticas -por sólidas que sean y por más consensos que generen- que estén seguras de una vez y para siempre. La gente que adhiere a los aspectos esenciales de la política de derechos humanos constituye un sector más amplio que el kirchnerismo, aunque estos ejes aparezcan muy identificados con los gobiernos de Cristina y de Néstor. Es fácilmente explicable, porque lo que hicieron ellos por estas políticas fue monumental. Pero son políticas que tenemos que fortalecer, tratando de ampliar el consenso que existe en torno a ellas. 

V.: Muchos advirtieron en los últimos meses un viraje a la derecha o posiciones conservadoras de la sociedad argentina.

E.J.: 
El tema de la seguridad está ligado a valores, casi diría, fundantes de la democracia, pero tiende a imponerse sobre otros temas, y parecería que es el principal problema de los argentinos. Entonces, es doblemente preocupante que existan estos discursos. También preocupa que no haya por parte de muchos gobiernos provinciales que se dicen kirchneristas políticas claras en esta materia. Las reformas de las policías provinciales siguen pendientes, y sería absurdo decir que sólo lo están en las provincias gobernadas por la oposición. Pero creo que se produjo un corrimiento a la derecha, porque un candidato que surgió con un discurso bastante vacío, que buscaba mostrarse como renovador y parecía correr el peligro de ser excesivamente ecléctico, casi anodino -aunque uno le sentía el olor de que estaba más cerca de los años noventa-, de pronto pasó a asumir una posición muy dura con la reforma del Código Penal y con la política de seguridad. Y hasta ahora no hemos visto que esa postura le haya provocado una disminución en las encuestas. Entonces temo que no nos animemos a dar el debate que tenemos que dar.

V.: ¿En qué sentido?

E.J.: 
Que no repitamos lo del caso del falso ingeniero Blumberg, que fue uno de los episodios negros en la historia del Parlamento argentino. Jugando como fiscal de la sociedad decidió qué penas subían; y sin ninguna apelación a una racionalidad que tuviera que ver con la estructura del Código Penal. Creo que no habría que postergar el tratamiento de la reforma del Código Penal. Es muy importante que podamos dar ese debate, porque estamos bien parados, porque es la obra de una comisión multipartidaria. Y nos va a servir puertas adentro del kirchnerismo, porque los que no tienen una posición clara en materia de seguridad tampoco la tienen con respecto a los derechos humanos o la política exterior. Es decir, son los que no comparten el proyecto kirchnerista, por elevado que sea el lugar que ocupan hoy. 

V.: Con la mira en 2015, ¿considera posible la continuidad del kirchnerismo?

E.J.: 
La veo como necesaria. Y si uno la ve como necesaria, tiene que hacer todo lo posible por que ocurra, con independencia de que hoy pueda aparecer como una tarea más difícil que hace dos años. Esto tampoco quiere decir que uno crea que la historia se termina en 2015. Tenemos que aspirar a que en 2015 se imponga alguien que represente la continuidad de este programa. En el camino, está claro que uno puede estar arriesgando perder. Pero lo peor que nos puede pasar no es perder, sino vivir una especie de dilución del proyecto kirchnerista.

V.: Usted integra Carta Abierta. ¿Le teme a una alianza estratégica que garantice un triunfo electoral, pero a la vez implique una dilución de las políticas kirchneristas?

E.J.: 
En la Argentina aprendimos, después de Fernando de la Rúa y de Néstor Kirchner, en sentidos opuestos, que la figura presidencial es muy importante. La Alianza terminó muy condicionada, entre otras cosas, por un presidente muy especial. Y Kirchner cambió el curso de un proceso político que parecía que estaba controlado por el duhaldismo. Entonces, ¿hacemos una alianza amplia para garantizar que gane el kirchnerismo? Estoy de acuerdo. Pero si es para poner un candidato que va a iniciar políticas diferentes de las nuestras, es mejor tener a alguien que se identifique claramente con lo que se hizo en estos años y tratar de ampliar el consenso para ganar la elección. 



BIO

Buenos Aires, 13 de octubre de 1939 
Estudios: Colegio Francés de Buenos Aires (primario), Liceo Militar General San Martín (secundario), Abogado (UBA), posgrado en la Maestría en Economía (Universidad Nacional Autónoma de México) y Maestría en Ciencias Sociales (FLACSO México).  
Trabajo: Director del Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti, profesor titular consulto de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA y de posgrado en Historia de la Universidad de Tres de Febrero. Fue concejal de la Ciudad de Buenos Aires (1993-1997), convencional constituyente (1996) y periodista de El Diario de la CGT de los Argentinos, Clarín, Página/12, El Mundo, El Cronista Comercial, Uno más Uno (México) y de las agencias Télam e Interpress Service.

Rutina informativa: Página/12, La Nación, Radio Nacional, Continental, FM Tango y Nacional Clásica. 

Está leyendo: Los pájaros de Auschwitz, de Arno Surminski.


(publicada en el suplemento Viernes del diario Ámbito Financiero, 6 de junio de 2014)

La política “fresca” que acecha al Frente Amplio

Por: Manuel Barrientos



Las encuestas presentan un escenario impensado hasta hace pocos meses atrás en la República Oriental del Uruguay. El crecimiento del candidato del Partido Nacional (PN), Luis Lacalle Pou, junto a cierto estancamiento o, incluso, leve retroceso de la fórmula del Frente Amplio (FA), permite entrever un final reñido en las elecciones que se celebrarán el próximo 26 de octubre y abren las puertas a un posible balotaje. Algunos sondeos marcan una ventaja del expresidente Tabaré Vázquez cercana a los diez puntos en primera vuelta, lo que podría ser insuficiente para que el frente que agrupa desde partidos de izquierda hasta centristas obtenga su tercer mandato en la segunda vuelta del 30 de noviembre. Todo indica que, en un eventual segundo turno, los votantes del tercer competidor principal, Pedro Bordaberry, del Partido Colorado, se trasladarían en bloque hacia el hijo del exmandatario Luis Lacalle Herrera. Ocurre que desde que el frente que agrupa a diferentes corrientes de izquierda y centristas se transformó en una boleta electoral competitiva, las diferencias entre los históricos partidos Nacional y Colorado parecen haberse diluido. Los matices son, más que nada, de estilo, en un panorama político de por sí homogéneo. 

Son 2.563.397 los uruguayos que están habilitados para votar a su presidente y vice, a 30 senadores y 99 representantes nacionales o diputados. Para acceder a la presidencia se necesita obtener más del 50% de los votos emitidos. Es decir, los válidos más los sufragios en blanco y los anulados, lo que habilita a un sistema de doble vuelta más probable que el argentino, en el que el candidato debe lograr el 45% de los votos u obtener más del 40% y una distancia de diez puntos sobre el segundo postulante. En cambio, para determinar las bancas en el Parlamento sólo se toman en cuenta los votos válidos; esto es, aquellos que expresan una preferencia partidaria. 

Desde el PN se muestran exultantes por la performance de su postulante y sostienen que la progresión se da, en especial, entre los jóvenes y en la clase media, porque Lacalle Pou representa la "expectativa de cambio con alegría". Álvaro Delgado es diputado por el sector Aire Fresco (nombre que da toda una definición del espacio fundado por Lacalle Pou) y uno de los coordinadores de la campaña blanca. En diálogo con Viernes, asevera que el principal dato que arrojará la elección de octubre será que ninguna fuerza tendrá mayoría parlamentaria: "Y nos parece muy bien para la democracia uruguaya, porque implica negociar, abrir la cabeza e incorporar ideas de los demás". De forma similar a la de ciertos candidatos de la oposición en la Argentina, Lacalle Pou pregona los valores de la eficiencia, del diálogo y el consenso, eludiendo los conflictos y presentando una visión edulcorada de la política. "Hicimos una campaña centrada en gobernar ahora y gobernar bien, como dice nuestro slogan", sintetiza Delgado.

Esas consignas parecen estar sintonizando con sectores importantes de la población uruguaya. Uno de los influyentes politólogos de ese país, Jorge Lanzaro, explica que las encuestas, en realidad, dan cuenta de una tendencia sostenida: de la elección inicial de octubre de 2004 a la de 2009 hubo una inflexión en el ciclo de crecimiento electoral que la izquierda había experimentado desde 1989; el Frente no sólo dejó de crecer, sino que perdió dos puntos y medio. "Se puede presumir que perdió votos en franjas ideológicas de centro y en sectores sociales de clase media y clase media alta. No de votantes frenteamplistas fieles, sino de electores móviles. Pero ahora se ha erosionado la fidelidad de electores de izquierda, que podrían votar en blanco o votar a otros partidos, sea hacia el centro-centroizquierda (Partido Independiente), sea hacia la izquierda del FA", indica el presidente de la Asociación Uruguaya de Ciencia Política (AUCiP). Lanzaro estima un repunte del FA en la recta final de la campaña, pero considera que será difícil que logre la mayoría absoluta en el Parlamento. Según una encuesta de Cifra, el 57% de la población prefiere que el FA no tenga mayoría. 

Diputada y vicepresidenta del FA, Ivonne Passada matiza el crecimiento de Lacalle. Anticipa que, en el tramo final de la campaña, una recorrida por todo el país de la dirigencia de la alianza de centroizquierda servirá para demostrar diversidad. "Somos una fuerza política de izquierda que tiene una base del 40% de los votos, y se trata de un núcleo duro que se mantiene pese a los diez años de Gobierno", manifiesta. También garantiza que los sondeos variarán en los próximos días y que el porcentaje que obtiene la fórmula de centroizquierda no es muy diferente al que tenía el actual mandatario José Mujica para esta misma época en 2010. 



¿Quién es ese chico?

"Luis Lacalle Pou es estudioso y metódico y simboliza liderazgo y autenticidad", subraya Delgado. Bisnieto del caudillo nacionalista Luis Alberto de Herrera, el candidato blanco tiene 41 años y es uno de los tres hijos del expresidente Luis Alberto Lacalle Herrera (1990-1995) y la exsenadora Julia Pou. Su hermano Juan José reveló que, mientras su padre estaba en el poder, un día pegó un portazo en la residencia presidencial y prometió que nunca iba a ser político ni abogado. En 1998 se graduó en Derecho en la Universidad Católica y dos años más tarde asumió como diputado por Canelones, en reemplazo de su madre (quien, a su vez, ocupó una banca como senadora). En 2010, presentó en el Parlamento uno de los primeros proyectos para despenalizar el cultivo de cannabis para uso personal (aunque luego se opuso a ley impulsada por Mujica). Después de presidir la Cámara de Representantes (diputados), entre marzo de 2011 y febrero de 2012, en las primarias de junio de este año dio el gran salto, derrotando al veterano competidor por la Presidencia Jorge Larrañaga, "el guapo" (a quien luego eligió como compañero de fórmula).

"Lacalle Pou es una figura en franco ascenso a quien todos los analistas coincidían en verlo claramente como candidato en 2019. Dado que su padre y líder del herrerismo optó por no competir luego de la derrota en 2009, se abrió un período en que se manejaron nombres que poco puntuaban en las encuestas. Lacalle Pou llevaba tiempo consolidando un espacio propio (Aire Fresco) y siguió acumulando fuerzas, a la vez que su juventud lo hacía atractivo para algunos sectores con un discurso que hace referencia más a una forma de hacer política que a contenidos", recuenta Antonio Cardarello, profesor de la Universidad de la República y fundador de la AUCiP. Pero también destaca la capacidad de Lacalle para hacer acuerdos y atraer a otros precandidatos, comoJorge Saravia (ex FA y bisnieto del caudillo blanco) y el excanciller Sergio Abreu, que moderan el perfil más liberal del herrerismo.

Doctor en Ciencia Política e investigador del Instituto de Ciencia Política de la Universidad de la República, Daniel Chasquetti reconoce que Lacalle Pou es la revelación de estas elecciones: "Su campaña ha sido impecable desde el punto de vista comunicacional, con una estética muy bien cuidada y un discurso poco programático". Además, explica que quien crea que es un político de derecha estará simplificando las cosas: "No porque su pensamiento no lo sea, sino porque la gente no lo ve así". Bajo esa perspectiva, asegura que se trata de un posicionamiento novedoso en la política uruguaya, similar al de Nicolas Sarkozy en Francia, Sebastián Piñera en Chile o Mauricio Macri en la Argentina. "Y yo diría que ha tomado por sorpresa al Frente Amplio", agrega. Chasquetti entiende que el candidato colorado Pedro Bordaberry (hijo del dictador Juan María, presidente constitucional entre 1972 y 1973, y de facto entre 1973 y 1976) es similar a Lacalle, porque diluye la ideología y hace más hincapié en el gerencialismo, la tecnocracia y la buena voluntad de las personas. Con esa estrategia, Bordaberry duplicó los niveles de votación del Partido Colorado en 2009. Pero ahora sufre la candidatura de Lacalle "porque se superpone en prácticamente todos los atributos que Bordaberry mostraba como diferencial". También integrante del Instituto de Ciencia Política, Daniel Buquet coincide en que la postulación de Bordaberry está mostrando una clara limitación en sus posibilidades de crecimiento electoral. No sólo porque Lacalle Pou compite desde un perfil similar, sino también porque el Partido Colorado aparece hegemonizado por su sector, con escaso espacio para los adversarios internos que ni siquiera pudieron quedar representados en la fórmula presidencial.

Frente a la emergencia de Lacalle, la centroizquierda apuesta a la figura de Raúl Fernando Sendic, el compañero de fórmula de Tabaré Vázquez. De 51 años, es hijo del líder histórico del Movimiento de Liberación Nacional - Tupamaros, Raúl Sendic. La política uruguaya está liderada por dirigentes que pugnan en décadas por el espacio público (Vázquez, Danilo Astori, José Mujica, Julio María Sanguinetti, Luis Alberto Lacalle, Jorge Larrañaga, etcétera) o sus hijos. 

Sendic es licenciado en Genética Humana en la Universidad de La Habana, fue periodista hasta que asumió como diputado en el año 2000. Ministro de Industria, Energía y Minería durante la primera presidencia del FA, ocupó la presidencia de la petrolera estatal Ancap en 2010, hasta que renunció en 2013, para dedicarse a la campaña electoral. Mantiene una gran relación tanto con Mujica como con Tabaré. Según Chasquetti, aporta juventud a la fórmula encabezada por Vázquez -algo muy necesario dado que sus rivales son 20 o 30 años más jóvenes-, pero también "el respaldo del electorado mujiquista, que está algo distante de Vázquez". Si gana el FA este año, Sendic, Lacalle Pou y Bordaberry partirían con ventaja para las presidenciales de 2019.



Un mundo cierto

Más allá del leve retroceso en las encuestas recientes, Vázquez es el político con mejor imagen entre el electorado. De acuerdo con un sondeo de Equipos, el 53% tiene una opinión positiva del expresidente, seguido por Lacalle Pou (46%), Bordaberry (37%) y Pablo Mieres, del Partido Independiente (18%). 

La década frenteamplista muestra una mejora general de la economía uruguaya. Desde la izquierda enumeran un 45,4% de aumento de salario real, descenso de la desocupación, boleto gratuito para los estudiantes, aumentos de jubilaciones, la reforma de la salud, 50.000 operaciones de ojos, una moderna matriz energética y parques eólicos de vanguardia a nivel mundial, la Universidad Tecnológica, el Plan Ceibal de entrega de notebooks para los estudiantes secundarios y la ley de matrimonio igualitario. En 2004, un 39,9% de los uruguayos vivía en condiciones de pobreza y el 4,7% en la pobreza extrema; en 2012, los números revelan un notorio descenso de la población pobre: 12,4% de las personas y un mínimo del 0,5% en situación de indigencia.

"El balance muestra una fuerza política con sensibilidad para estar cerca de la gente. Asumimos con un 17% de desocupación y hoy es del 6%. También combatimos la indigencia, implementamos el Plan Ceibal, que es modelo mundial para la ONU, pusimos en marcha múltiples leyes sociales y laborales", enumera Passada, quien responde al Movimiento de Participación Popular (MPP) liderado por Mujica. La diputada refuerza su pedido: "Por eso es importante que el proyecto sea acompañado por la mayoría parlamentaria". 

Por lo visto, el escenario tiene similitudes con la realidad de otros países de la región, lo que no garantiza éxitos electorales de los respectivos gobiernos. Es que también se presenta análogo el panorama uruguayo en cuanto a pronósticos que establecen años menos explosivos por venir, mientras algunos problemas estructurales no han sido resueltos. "El Gobierno que viene tendrá que enfrentar problemas grandes que no encaró o no pudo resolver, con márgenes de maniobra más estrechos. Esto es clave en cuestiones nacionales fundamentales, como es el caso de la educación, de la seguridad pública y de la infraestructura. Con esas limitaciones, el FA tendrá que moverse con más dificultad de cara a la coalición ´redistributivista´ -procíclica- que representa y a la que responde", dice Lanzaro y observa en el futuro posibles cimbronazos en la alianza con la central obrera PIT-CNT. 

También indica que Vázquez ya no tendrá algunas de las ventajas políticas que gozó en su primer mandato, en el que protagonizó un liderazgo presidencial fuerte, ya que reunía la doble condición de jefe del Gobierno y del partido. "Ese empalme virtuoso está en jaque. El liderazgo de Vázquez en el seno del FA parece menos rotundo, hubo acciones desafiantes y probablemente las seguirá habiendo. En esto ha de influir el corrimiento hacia la izquierda, con varios grupos frenteamplistas que se han alineado en un bloque y han ganado terreno de cara a los sectores de centro izquierda", expresa Lanzaro. En este escenario, el papel de Mujica -que será candidato a senador en octubre- puede ser decisivo como intermediario y como negociador, para moderar posiciones en las filas de izquierda del FA. 

A esos escollos partidarios se añade la posibilidad de no tener mayoría parlamentaria, con la consiguiente necesidad de negociar con otros partidos. "Es una ambición proclamada por la oposición y es, en particular, la ilusión del Partido Independiente, que sueña con convertirse en minoría decisiva, como gozne entre los bloques partidarios", manifiesta el titular de Aucip. 



"Mantener lo bueno" 

"Lacalle Pou es renovador, pero no refundacional", asegura Álvaro Delgado. El diputado afirma que un eventual gobierno blanco mantendrá líneas de la gestión frenteamplista, como el Plan Ceibal, las escuelas de tiempo completo, el Plan Juntos de vivienda y el programa de operaciones de ojos y el plan de salud bucal desarrollado por María Auxiliadora Delgado, la esposa de Vázquez. Si esos son los ejes de continuidad, desde el PN disparan contra el Gobierno de Mujica por la creciente inseguridad, las deficiencias del sistema integral de salud y la inflación. Cuando se le piden medidas concretas para combatir el alza de precios, Delgado hace referencia al déficit del gasto público y pone el foco en los "55 mil funcionarios públicos" nombrados en los últimos años. "Hay que lograr una mayor eficiencia en el gasto público, y transferir esos ingresos a los sectores más vulnerables", repite.

Coordinador del Área de Gobierno, Partidos y Elecciones de la Universidad de la República, Chasquetti considera que Uruguay necesita debatir sobre cuatro ejes centrales: seguridad pública, educación, déficit fiscal e inflación e infraestructura. Sin embargo, se muestra pesimista con la campaña. Por un lado, porque el FA tiene como estrategia mostrar los logros de esta década y contraponerlos con 2002. Por otro, porque los partidos tradicionales "no tienen programas muy diferentes al del Gobierno (no se plantean revertir ninguna política importante del FA) y por esa razón no están muy dispuestos a discutir rumbos sobre esos problemas sino simplemente señalarlos como indicadores de ineficiencia del Gobierno".

¿Cuáles son los retos centrales que deberá enfrentar el próximo gobierno?, pregunta Viernes. El politólogo Buquet responde que el principal, en el corto plazo, pasa por "ordenar las cuentas públicas que muestran un déficit mayor al deseable y controlar la inflación que está encima del rango-meta que ha establecido el Gobierno". También incluye la normalización de la relación con Argentina, a la que califica como "crecientemente conflictiva".

Por su parte, la vicepresidenta del Frente Amplio considera que hay que poner el foco en el empleo, la mejora de los salarios y las condiciones laborales y en la puesta en marcha de un sistema nacional de cuidados, que apunta a garantizar la atención primaria de la salud para niños, mujeres y la tercera edad. Passada también reconoce que hay que amplificar las políticas educativas: "El 6% de desocupación actual es un resabio de la crisis de 2002. Son los gurises con poca formación a los que tenemos que capacitar". 

Con respecto a la política exterior y, en especial, al vínculo con la Argentina, Álvaro Delgado expresa que hace falta "menos ideologismo y más pragmatismo" y considera que debe minimizarse la "diplomacia presidencial" y profesionalizarla. El diputado lacallista del PN ratifica que la Argentina es un socio estratégico clave, pero remarca que se debe mejorar el balance comercial. Y adelanta que el foco diplomático ante un eventual gobierno de Lacalle Pou pasará por la firma de un acuerdo de libre comercio desde el Mercosur con la Unión Europea. En el caso de un triunfo de Vázquez, quien tuvo un apoyo decisivo del kirchnerismo en las presidenciales de 2005 pero luego terminó enfrentado por la instalación de la pastera Botnia, sería esperable una repetición de su primer gobierno, "con una postura más firme y menos proclive a la búsqueda permanente de diálogo que ostenta Mujica, más allá de los inconvenientes que se han producido", explica Cardarello desde Montevideo. 


(publicada en el suplemento Viernes del diario Ámbito Financiero, 12 de septiembre de 2014)

Elogio de la meteorología

Por Manuel Barrientos

Malas noticias para los jinetes de la inseguridad y los que gruñen a favor de la pena de muerte. Los mejores aliados de los productores de los canales de información en directo no son policías y comisarios sino los servicios meteorológicos. Por la periodicidad irrenunciable con la que proveen información y la centralidad de la fuente, la meteorología representa para los periodistas televisivos un bien tan querido como las efemérides para los productores de los matutinos radiales. Son las valiosas noticias-rellenaespacios, que facilitan la rutina periodística.
Los estudiosos de la comunicación recuerdan que el magnate Ted Turner alardeó, luego de la guerra del Golfo, que con la llegada de las cadenas de información en directo como CNN, la noticia pasó de ser considerada “lo que sucedió” para convertirse en “lo que está sucediendo”. Pues bien, la meteorología no sólo explica lo que sucedió y lo que está ocurriendo “ahora”, sino que también anticipa “lo que va a suceder”. Brinda islas de certeza (aunque muchas veces se equivoque) en un mar de inseguridad.
No es ninguna novedad la relevancia de la meteorología en nuestra vida cotidiana. De acuerdo con el tipo de espectador, los pronósticos meteorológicos brindan un servicio para establecer fechas de siembra, de realización de actividades turísticas o deportivas, para las planificaciones energéticas o simplemente para saber si es necesario o no llevar el paraguas antes de emprender una jornada laboral.
En los tiempos del infoentretenimiento, todas las noticias deben recubrirse de ropajes espectaculares. La información meteorológica, claro, no puede quedar al margen de esta tendencia. Compite minuto a minuto con el sensacionalismo de las noticias policiales y los eventos deportivos. “Urgente”, los canales informan sobre la declaración de “alertas meteorológicas”.
Los mapas contribuyen a la espectacularidad, con frentes de tormenta o vientos huracanados que se acercan al acecho de nuestras vidas. Y nuestras propiedades.
Al igual que los espectáculos deportivos, la meteorología ofrece records que llegan desde distintas partes del país y del mundo. Territorios muchas veces desconocidos se vuelven noticiables por las catástrofes naturales que sufren.
No puede decirse que la cobertura de los medios pretendidamente nacionales presente muchos esfuerzos en pos de una cobertura federal. Cerca del 85 por ciento de los contenidos televisivos nacionales son generados por esos medios capitalinos, que reducen lo que sucede en las “ciudades del interior” a imágenes bucólicas que sólo se ven interrumpidas por escándalos políticos pintorescos, algún desastre natural o episodios policiales con condimentos morbosos.
Sin embargo, ahí está el mapa con los pronósticos meteorológicos que día a día nos permite repasar nociones básicas de la geografía nacional. ¿Qué otro tipo de noticias nos da la posibilidad de recordar de forma diaria y sin la necesidad de sobresaltos que Santa Rosa es la capital de La Pampa, Rawson la de Chubut y Resistencia la de Chaco?
Las precisiones numéricas de los meteorólogos pueden aterrarnos y escandalizarnos. Pero, al mismo tiempo, nos reconfortan. Es que las informaciones meteorológicas tienen un valor agregado sobre las noticias deportivas o culturales. Si con el fútbol o el cine el televidente sueña con transfigurarse en uno de los protagonistas de esas grandes gestas, con la meteorología es el propio hombre de la calle el que se vuelve personaje central de episodios épicos.
Con indudable exactitud científica, la meteorología nos brinda a todos los espectadores un estatuto heroico. En la cotidianidad de nuestras vidas, al volver a casa prendemos el televisor y comprobamos que hemos sobrevivido a temperaturas de 40 grados o a vientos huracanados o a precipitaciones de 30 milímetros cúbicos en un plazo de sólo 17 minutos.
Son estadísticas certeramente numéricas que nos vuelven protagonistas heroicos de un mundo cada vez más oscuramente apocalíptico, como los propios noticieros nos remarcan día a día.
(Publicada en la sección La Ventana del diario Página/12, 8 de abril de 2009)

No hables con extraños


 Por Manuel Barrientos


Caminamos por las calles con el ceño fruncido y la mirada atenta, con los sentidos en estado de alerta, ante un peligro desconocido pero siempre acechante. Los espacios de comunicación e interacción hoy parecen ser zonas de frontera, en las que el otro se nos aparece como alguien lejano, de quien debemos desconfiar.
No hay que hablar con extraños. Hay que avanzar y avanzar. Detenerse en el otro implica el riesgo de exponerse a ser asaltado. O, peor aún, de encontrar una mirada que nos devuelva, en esos otros ojos, aquello que no queremos ver y que nos hace temer.
Aislados, los individuos colocan rejas y alarmas con el objetivo de controlar su incertidumbre. Son voluntades atomizadas, portadoras de miedos incomunicados entre sí, cuyo horizonte se disuelve donde terminan sus propiedades.
Estamos regidos bajo una estrategia de encerramiento con dos polos. Prolifera la construcción de condominios y countries, donde las clases medias y altas se amparan de los crecientes “peligros externos”. Al mismo tiempo, con un reclamo de esos mismos sectores que se produce por oleadas, aumenta el número de detenidos en las cárceles.
El sistema penal parece apuntar con claridad a un determinado sector de la población. Según un informe de la Secretaría de Derechos Humanos bonaerense elaborado en 2005, el 61 por ciento de las personas detenidas en esa provincia tiene entre 18 y 30 años. Y el 67,84 por ciento se encuentra detenido por los delitos de robo, hurto y sus tentativas.
Y, sin embargo, el mutuo encerramiento provoca mayor sensación de inseguridad.
La estigmatización del otro se traslada a la geografía urbana. Hay lugares que –desde la mirada de las clases medias y altas– se declaran no sólo inhabitables sino también decididamente intransitables, en los que es mejor “no meternos”, de los que tenemos que huir.
Las zonas intermedias entre el trabajo y la casa son espacios que hay que recorrer con apuro y ligereza. Los autos se vuelven cada vez más rápidos y los vidrios se tornan cada vez más oscuros. El miedo impulsa la velocidad.
La esfera del mercado también tiende al encierro a través de los shopping center. El poder de policía se refeudaliza: el Estado cede el ejercicio de la vigilancia y el control a los agentes privados contratados por los propietarios de countries y centros comerciales.
Crece la tendencia a refugiarnos en lo uniforme, en lo homogéneo. La educación también sufre la avanzada privatizadora. Los institutos de formación pública pierden espacio como herramienta potencialmente igualadora y los estudiantes se distribuyen en parcelas infranqueables de acuerdo con su poder adquisitivo.
Las nuevas tecnologías contribuyen, muchas veces, al refugio en la mismidad. Mientras transitamos por los espacios públicos, con nuestros celulares nos comunicamos con “los nuestros” y eludimos la mirada de “los otros”.
Ese aislamiento aumenta el desconocimiento de lo que está afuera, de lo que no es igual a nosotros. Y esa incomunicación creciente genera más miedos y actúa como un círculo perverso que –en la medida en que los puentes con lo distinto se desploman– se torna cada vez más frenético, porque tiende a retroalimentarse. Vivimos paralizados por la sospecha permanente, temiendo a algo que no sabemos muy bien qué es.
“Cuidate”. Con esa frase nos despedimos de amigos y familiares. Ya no hay más “buena suerte” o “abrazo o besos a los tuyos” o la promesa de un “nos vemos” como saludo de despedida. Simplemente, “cuidate”.
Los muros, el aislamiento del otro y el encerramiento propio, la opacidad de los vidrios, permite al “nosotros construido” no ver el sometimiento que sufre el extraño. Es necesario estigmatizar al otro, aislarlo y encerrarlo (en villas periféricas o en cárceles), para perpetuar la asimetría y, al mismo tiempo, restaurar la comunidad del “nosotros” en base a esa diferencia con el otro.
Esa desigualdad también genera miedo a que los demás nos perciban como diferentes y nos expulsen como nosotros expulsamos al diferente. Sentirse parte de una comunidad que expulsa y aglutina las identidades, como señala Alicia Entel en su libro La ciudad y los miedos. La solidaridad comunitaria se recupera a través de la elección de un enemigo común. La condena del otro permite sentirse parte de una comunidad: ponerle nombre y rostro a la inseguridad atenúa la angustia.
Tal vez es el momento de preguntarnos qué posibilidades cotidianas generamos para la comunicación con los demás. Es decir, qué estrategias colectivas podemos darnos como sociedad para romper ese círculo perverso que se alimenta del desconocimiento y la incomunicación.

(publicada en la sección La Ventana del diario Página/12, 7 de abril de 2010)

lunes, 13 de octubre de 2014

Entrevista a Eduardo Fidanza

(Se trata de la primera entrevista de una serie de diálogos con sociólogos y politólogos sobre el sistema de partidos de cara a las presidenciales de 2015)


Las últimas encuestas de Poliarquía proyectan un balotaje entre Daniel Scioli y Sergio Massa como escenario más probable para las presidenciales de 2015. “Esas predicciones, a un año de las elecciones, y con un escenario tan complejo e identidades políticas tan volátiles, marcan un panorama muy preliminar”, matiza Eduardo Fidanza, director y socio de la consultora. En esa línea, reconoce que el trabajo del analista de la opinión pública “es cada vez más difícil”, porque en el origen del método de las prospecciones electorales “está el supuesto de una conducta previsible basada en identidades políticas”.
Con el ejemplo reciente de la primera vuelta en Brasil, donde Aécio Neves logró ingresar en un balotaje con Dilma Rousseff dejando atrás a Marina Silva pese a lo que preveían los sondeos, Fidanza enumera que la inexistencia de estructuras partidarias, las convergencias coyunturales y las complejidades de las agendas electorales dificultan los pronósticos. “Además, en la medida en que los sondeos se utilicen como marketing de las campañas, sobrevalorará la sospecha de que se contratan encuestas. Son problemas que hay que resolver con la mayor probidad y con la convicción de cómo debe ejercerse la profesión”, advierte.
Fidanza recibe a Viernes en la flamante sede de Poliarquía frente a la plaza San Martín, allí donde Santa Fe deja de ser una avenida caudalosa y se transforma en un callejón que desemboca en el Círculo Militar. En la entrevista, el sociólogo examina las fortalezas y las debilidades de los principales precandidatos presidenciales, analiza el rol que podría tener el Papa Francisco en los comicios y anticipa cuáles será “el” eje de discusión de la campaña electoral.

¿Por qué Scioli y Massa lideran los sondeos?
Es un efecto de lo que el kirchnerismo simbolizó para el votante medio: la recuperación del trabajo, de los niveles de consumo y, por lo tanto, de la autoestima, que era algo que Néstor Kirchner proclamó al principio de su gobierno. Por ejemplo, el valor del salario real -deflacionado a partir de 2007- resulta ser en promedio un 70% más alto que en la segunda mitad de la década del ’90; y, si bien puede generar controversias, la tasa de desocupación es una de las más bajas de toda la historia. En la segunda mitad de la década del ´90 era del 15%, en la crisis de 2001-2002 superó el 20% y ahora está en poco más del 7%. Son logros importantes de cara a lo que es la realidad del votante medio. A esto sumaría el hecho de que, más allá de los juicios encontrados que pueda suscitar, Cristina Kirchner sigue siendo una figura central de la política argentina, con un tipo de liderazgo fuerte, similar al de Néstor, Raúl Alfonsín y, con otro estilo, Carlos Menem. De todos modos, en las democracias contemporáneas, la decisión del voto se explica antes por razones económicas que por otras motivaciones. Y ahora vemos un proceso de deterioro de esos logros, porque se están perdiendo puestos de trabajo y la inflación avanzó sobre el poder del salario. Entonces, se abre una incógnita acerca de cuál puede ser el resultado electoral. El votante está en una disyuntiva entre recurrir a su memoria o apelar a su visión de futuro.
¿Qué candidatos representarían esas opciones?
En el voto a Scioli –y en menor medida, a Massa- hay una mirada hacia atrás. Y en un momento en el que la inflación aparece como una carga cada vez más pesada, Macri puede asociarse a una mayor racionalidad económica en su estrategia de mostrarse como “lo nuevo”. Es interesante lo que sucedió con Aécio Neves en Brasil, porque apareció como representante de una racionalidad superadora del populismo y ya vimos la cantidad de votos que obtuvo.
¿Qué ocurre con UNEN?
Observamos, y se está confirmando por la conducta de los dirigentes, que este espacio tiende ser a tomado por otras fuerzas, y esos votos pueden migrar a Macri, Massa e, incluso, a Scioli. Hoy cualquier candidato del socialismo o el radicalismo podría superar los diez puntos, pero no entraría en la competencia presidencial. De cualquier forma, sería una masa de votos considerables para un balotaje. Esos votantes representan una suerte de alfonsinismo, con un perfil progresista, claramente no peronista ni de centroderecha. Es decir, pese a que UNEN se volatilice, estos sectores seguirán votando a un socialista o a algún radical. Aunque también hay que decir que es un voto ideológico de clase media adulta que se va estrechando, porque las generaciones que se incorporan a la vida electoral no ven eficacia en la estrategia de UNEN y observan, por ejemplo en Macri, actitudes más pragmáticas.
¿Qué estrategias deberían seguir Massa y Macri para trazar alianzas que, a la vez, les confieran espesor territorial sin que los encasillen como “el pasado”?
Casi el 58% de la población está diciendo que espera que el próximo presidente mantenga los logros del kirchnerismo y rectifique los problemas. Entre los logros, identifican el trabajo, los salarios y los planes sociales. Entre los cambios, la inseguridad y la inflación. Esta sociedad electoralmente conservadora condiciona el discurso de los candidatos: no se pueden desviar demasiado y proponer lo nuevo porque la gente quiere conservar los logros. Ahora, si uno ve que esa masa es de casi el 60% debería pensar que favorecería a Scioli. Y, efectivamente, es una de las razones por las que está cabeza a cabeza en las encuestas. Pero Macri se muestra moderado en su intención de cambio y ha establecido un buen vínculo relativo –en el mundo salvaje de la política argentina- con Cristina y esa es una forma de decir que se va a llevar bien con el gobierno anterior y con muchas de las medidas que tomó. Creo que Massa va a tener dificultades, porque tiene una identidad difícil de determinar -perteneció al gobierno pero reivindica al peronismo- y, además, disputa voto territorial con Scioli. Por otra parte, tiene dificultad para sostener una agenda que ocupe un lugar preponderante en la agenda de los medios. Y si hay algo que reconocer al kirchnerismo es el manejo de la agenda. Hoy se discute porqué Cristina se apuró con el Código Civil y Comercial. ¡Todas las semanas hay que tener algo importante sobre la mesa y esa es la forma de liderar la política!
La alianza de Massa con Gerardo Morales, por otra parte, muestra que no está concretando su ambición de generar pases masivos de los jefes territoriales del peronismo. Es decir, da cuenta del no acuerdo con el gobernador Eduardo Fellner en el caso de Jujuy.
Cristina mantiene solidez política y eso le permite seguir conteniendo al peronismo. Esos factores, sumados a la fidelidad de Scioli, conforman un bloque que sella el avance del massismo. De todas formas, también hay que pensar hasta qué punto hay solidez en el massismo puertas adentro, porque ya se observan disensos internos. La foto de Morales con Massa está ligada a las necesidades acuciantes de ambos. Es comprensible la estrategia de Morales, porque en provincias chicas bipartidistas, en las que la hegemonía la ha tenido el peronismo, debe buscar quebrar al peronismo. Y es verdad que Massa, al sentarse con Morales, muestra su necesidad de captar territorios como sea, porque hoy tiene muchas puertas cerradas.
Señaló que el componente central del voto tiene motivaciones económicas. ¿Un mejoramiento leve de ciertos indicadores no le permitiría a Cristina instalar un candidato alternativo a Scioli?
No lo sabemos. Si hubiera una mejora económica -con un relativo descenso de la inflación y recuperación del salario y no se perdieran empleos- no me parece que eso reforzaría las candidaturas del kirchnerismo. Julián Domínguez, Agustín Rossi, (Florencio) Randazzo, hoy están bastante por debajo de las posibilidades de Scioli. Entonces, esa eventual mejora beneficiaría a Scioli. Pero queda pendiente uno de los grandes temas de la Argentina: la sucesión del peronismo. Uno tiende a pensar que con el estilo de liderazgo de Cristina y la vocación de continuidad del kirchnerismo, objetivamente no le conviene que alguien del peronismo se calce la banda presidencial, porque eso llevaría a que el liderazgo del justicialismo se organizara en torno a la figura del nuevo presidente. Entonces, ahí veo una contradicción. Un Scioli presidente, y también Massa, generarían una reorganización de las que caracterizan al peronismo. No olvidemos que el faro organizador del peronismo es el ejercicio del poder estatal.
Será la primera elección presidencial con un argentino como Sumo Pontífice. ¿Qué influencia podría tener Bergoglio?
De los tres candidatos centrales, el Papa no recibió sólo a Massa. Creo que es un problema para su candidatura. De todas formas, quiero recordar que cuando Francisco fue designado escribí una columna en La Nación titulada “Un golpe decisivo a la razón populista”. Sigo sosteniendo esa hipótesis: creo que el Papa fijó un límite a la agresividad del kirchnerismo y a la idea de (Ernesto) Laclau de que la política se construye a través de una oposición radicalizada entre el pueblo y sus enemigos. La Presidenta, con gran habilidad política y, tal vez, por una transformación personal se adscribió al Papa. Y ese antagonismo que tuvo su origen en la razón populista tendió a declinar, porque el Papa no va a permitir que ningún político argentino se vuelva amenazante o agresivo.
¿Qué rol podría jugar Cristina luego de 2015? ¿Cree posible una candidatura de la Presidenta en los próximos comicios?
Se habla de una postulación como diputada nacional por la provincia de Buenos Aires. No lo sé. Tengo claro que si Macri es el presidente, Cristina va a tener un papel importante, liderando a la oposición.
¿Así se podría cumplir el sueño de Torcuato Di Tella de reagrupamientos de las fuerzas políticas en dos polos de centroizquierda y centroderecha?
Exactamente, puede ser que la política argentina se reorganizara en esos términos. Pero creo que si el nuevo presidente pertenece al peronismo –Scioli o Massa-, la figura de Cristina entraría en un crepúsculo. Así como debemos decir que la sucesión del peronismo es crucial en la política argentina, también hay que señalar que las mayorías no votarán entre peronismo y antiperonismo sino en torno a la figura de Cristina. Esa será la disyuntiva.

(publicada en el suplemento Viernes del diario Ámbito Financiero, 10 de octubre de 2014). 

Cuando se logra abrazar el futuro


 Por Manuel Barrientos


Los camarógrafos y los fotógrafos buscan hacer foco en la mesa sin que se interfieran otras lentes, otras nucas. Un diputado nacional e hijo de de-saparecidos rechaza la invitación de pasar al frente, pero pide que dejen pasar a otra hija, colaboradora histórica de la institución. El director de un diario se sienta en el suelo con su anotador. En las escaleras, en los pasillos, son muchos los que se agolpan, los que tratan de acercarse, aunque sea un poco más, a esa sala ya también atiborrada. Algunos comparten auriculares, para seguir la conferencia por la radio, como si fuera un partido del Mundial. Hay silencio, que se interrumpe cada vez que llegan los aplausos del otro lado del hueco de esa puerta abierta. En esa distancia que va desde la planta baja del edificio de Virrey Cevallos hasta el primer piso se amontonan integrantes de organismos de derechos humanos, sobrevivientes del terrorismo de Estado, familiares de desaparecidos que se acercaron desde el interior. Entre esos cuerpos agolpados, se ve también una chica que escribe notas para el mensuario de Abuelas, junto al gerente del diario que publica aquellos recordatorios que, precisamente, surgieron de la lucidez de esa mujer que todos tratan de escuchar.
También está una conductora estrella de la televisión, que busca ingresar para hacer su cobertura en directo, y una leyenda del oficio que trabajó en la mítica agencia Ancla. Un sonidista busca pasar con su boom enorme. Se ve a un grupo de actores y guionistas de Teatro x la Identidad, a la letrista ganadora del concurso de Tango x la Identidad, a uno de los ilustradores de la segunda edición de TwitteRelatos. A un legislador porteño, al asesor de un ministro y a varios militantes de H.I.J.O.S.
En voz baja, la pareja que comparte los auriculares informa a los cuerpos vecinos sobre la marcha de la conferencia de prensa. “Parece que ya termina”, avisan. Algunos se dejan llevar por la impaciencia y aceleran sus aproximaciones hacia la sala. Son muchas, son muchos. Todos se sienten parte: todos han contribuido, de una forma u otra, a ese triunfo colectivo y quieren acercarse a saludar a las Abuelas. Uno de los nietos pide calma para permitir que las Abuelas puedan llegar a las oficinas de la planta baja. Pasan por una hilera exigua, mientras reciben besos y abrazos, como estrellas que van hacia camarines luego de una función. Desde la calle llega el sonido de los bocinazos de quienes pasan con sus autos y un grupo de jóvenes pide que las Abuelas salgan al balcón.
En las redes sociales también todos expresan su alegría y la noticia ocupa cinco de puestos del top ten de tendencias en Twitter. Felicitan por haber restituido la identidad de un joven y piden, se suman, a la búsqueda del próximo, de la próxima. Hay, en algunos casos, expresiones-del-momento: políticos y dirigentes sociales que corrieron tantas veces el cuerpo a la contribución de esa lucha y se suben a la ola popular, desde una estrategia de control de daños. Hay, también, operadores judiciales que filtran información reservada que pronto será un “Alerta” o un “Urgente” de un videograph, en la búsqueda de un rédito inmediato que será hambre para mañana.
Pero esas redes, esos canales de televisión en directo, esas páginas web, que tantas veces son el reino de la exhibición individual, de la sobreexposición, que son el gobierno de lo efímero, de lo instantáneo, de la novedad permanente, de informaciones de las que muchas veces no logra saberse su final porque una noticia corre a la otra, se convierten –por una vez y de forma paradójica– en amplificadores de aquello que se viene gestando desde hace más de treinta años. Amplifican un trabajo cotidiano, muchas veces infructuoso, que no tiene cosechas instantáneas ni fugaces. Pero que entrega frutos perdurables.
En este tiempo de presente continuo, bajo una perspectiva de corto plazo permanente, en el que se devora al pasado y se borra el horizonte de futuro, ese grupo de mujeres hace casi 37 años apostó a una tarea de largo aliento, de tiempos extensísimos e improbables. En momentos feroces, sus hijos e hijas gestaron nietas y nietos que eran esperanzas proyectadas al futuro. Arrebatadas de gestores y gestados, ese grupo de mujeres apostó por recuperar esas vidas presentes y, especialmente, futuras. No hubo siembra directa, sino labranza en territorios áridos, casi desérticos.
En tiempos de sospechas cruzadas y desconfianza mutua, entendieron el principio básico de la comunicación: construir comunidad. Y convocaron a otros: se rodearon de especialistas en ciencia, tecnología, comunicación, arte, cultura, derecho, psicología. Abrieron el juego y trazaron estrategias múltiples, masivas y focalizadas, novedosas y tradicionales: desde los recitales en las plazas hasta los conciertos de jazz en bares selectos, desde las campañas en los diarios hasta los concursos en Twitter, desde las reuniones en esquinas hasta las publicidades en las cajas de snack de la aerolínea de bandera. Con paciencia infinita pero tenaz, traían de cada viaje un contacto o estrategia nueva para continuar con la búsqueda, pero también una remera o un pin para ese nieto o nieta que esperaban.
Estos 37 años de Abuelas y Madres regalan una enseñanza para la democracia argentina. Son la vitalidad de la política como una herramienta de construcción colectiva de largo plazo. De la política como un entramado entre diversos actores sociales y la participación central del Estado para la construcción de nuestro propio futuro. Ese futuro que para Estela de Carlotto, desde hace más de tres décadas, tenía el nombre de Guido y esta semana pudo abrazar.
(publicado en Página/12, 8 de agosto de 2014)